¿Ataque con “tinte sionista”? La sombra israelí detrás de las operaciones de EE.UU. contra Venezuela
Intereses proisraelíes podrían beneficiarse del control de Citgo, la filial de PDVSA en EE.UU., en medio de sanciones, litigios financieros y presión sobre el petróleo venezolano.
“Los gobiernos del mundo están sencillamente impactados de que la República Bolivariana de Venezuela sea víctima y objeto de un ataque de esta naturaleza, que tiene, sin duda, algún tinte sionista”, declaró la ahora presidenta encargada, Delcy Rodríguez, poco después de la operación militar de Estados Unidos en Caracas el pasado 3 de enero que llevó a la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Y casi en simultáneo, desde Israel también se produjo un mensaje inquietante. “El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, felicitó públicamente al presidente de EE.UU., Donald Trump, por la operación, calificándola de ‘impresionante’ y esencial para el liderazgo occidental en la región, un gesto que se suma a las estrechas relaciones diplomáticas entre Tel Aviv y Washington”, comenta Alfonso Insuasty Rodríguez, docente de la Universidad de San Buenaventura en Medellín, durante una conversación con a TRT Español.
En la misma línea, el ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Gideon Sa’ar, declaró que su país busca relaciones amistosas con Caracas, una señal de acercamiento tras la ruptura diplomática que inició Venezuela en en enero de 2009, tras la ofensiva israelí en Gaza de diciembre de 2008 conocida como “Plomo Fundido”. Dicha operación mató a unas 1.400 personas, en su mayoría civiles.
Intereses proisraelíes en el sector petrolero de Venezuela
Esta serie de declaraciones ha puesto bajo la lupa los intereses proisraelíes que, según el medio Common Dreams, respaldan un “cambio de régimen” en Venezuela, con un nombre destacado en el centro: el estadounidense Paul Singer, fundador de Elliott Investment Management, un fondo de inversión con sede en Florida. En X, el sociólogo político David Miller lo califica de “supremacista sionista” y afirma que su figura ayuda a “consolidar” los intereses de Israel en Sudamérica y Estados Unidos.
Desde 2010, la Fundación Paul E. Singer, ha donado aproximadamente 300 millones de dólares en diferentes lugares del mundo, en su mayoría a organizaciones judías y a iniciativas vinculadas al Gobierno de Israel, como Birthright (“derecho al nacimiento”) y al Comité Estadounidense‑Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC, por sus siglas en inglés). Ahora bien, luego de la captura de Maduro, Common Dreams apunta a que Singer “está a punto de sacar provecho”, en términos económicos, de Citgo, la filial en Estados Unidos de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA).
En noviembre de 2025, menos de dos meses antes del ataque de EE.UU., Elliott Investment Management L.P. cerró un acuerdo clave y compró Citgo por 5.900 millones de dólares, en una “venta forzada” que ordenó un tribunal de Delaware tras el incumplimiento venezolano en el pago de bonos. El perito designado por la corte para impulsar la venta fue Robert Pincus, miembro del AIPAC. Asesores del tribunal que supervisaron la venta valoraron a Citgo en 13.000 millones de dólares, mientras que funcionarios venezolanos afirmaron que los activos podrían ascender hasta los 18.000 millones, según el medio independiente, Popular Info. Elliott Investment Management señaló en un comunicado que la orden judicial estaba “respaldada por un grupo de inversores estratégicos estadounidenses del sector energético”.
La venta de Citgo fue rechazada con firmeza por Caracas en diciembre. “Un tribunal estadounidense decidió definitivamente robar Citgo”, afirmó Rodríguez, entonces vicepresidenta y ministra de Hidrocarburos, quien calificó la acción como “un vulgar y bárbaro despojo de un activo venezolano en territorio estadounidense mediante un proceso fraudulento”.
“Uno de los actores centrales en la estrategia de apropiación de las empresas venezolanas de crudo es Paul Singer, un magnate proisraelí, titular de Elliott Management, un renombrado fondo buitre que se dedica a comprar deuda soberana en default a muy bajo precio para luego litigar en cortes afines –por lo general, estadounidenses–, que le garantizan como mínimo el cobro del valor nominal de los bonos adquiridos a precio de remate”, explica a TRT Español Federico Donner, profesor de Filosofía Contemporánea de la Universidad Nacional de Rosario, en Argentina, y especialista en filosofía política.
Importancia de Citgo
Citgo ocupa un lugar clave en el sector energético de Estados Unidos como “la séptima refinería más importante del país”, y forma parte de una política de Estado anterior al Gobierno del fallecido Hugo Chávez (1999-2013) para construir una red de infraestructura energética global, explica Donner. “Cuenta con refinerías en Luisiana, Texas e Illinois; 42 terminales de embarque, seis gasoductos y tres plantas de envasado de lubricantes. A través de una red de 4.500 gasolineras en la costa este de EE.UU., comercializa combustibles, lubricantes y otros derivados industriales que refina y produce”, agrega.
Popular Info informa que Singer adquirió Citgo a un precio reducido como resultado del “embargo” impuesto a Venezuela, que dejó pocas excepciones para las exportaciones de petróleo a Estados Unidos. Las refinerías de Citgo están diseñadas para procesar crudo venezolano pesado y ácido. Al perder acceso a ese suministro, la empresa se vio obligada a importar petróleo más costoso desde Canadá y Colombia, ya que el crudo producido en Estados Unidos es, por lo general, ligero. Esto hizo que las operaciones de Citgo fueran “menos rentables”.
Sin embargo, para Caracas Citgo cumple un papel fundamental. Rodríguez lo definió tras la venta como “un valioso activo de Petróleos de Venezuela, que pretende ser expoliado por el Gobierno de Estados Unidos mediante la instrumentalización de un procedimiento judicial claramente contrario a derecho”.
Bonos de deuda y presión financiera: un legado en América Latina
Desde 2011, Singer ha donado más de 10 millones de dólares al centro de estudios conservador Manhattan Institute, en el que forma parte del consejo directivo. En los últimos meses, este think-tank ha abogado de manera constante por la salida de Maduro del poder. Además, Singer cuenta con amplia experiencia en la compra de deuda soberana de países latinoamericanos en crisis.
En 1996, en Perú, adquirió bonos muy por debajo de su valor nominal. “Obtuvo ganancias de aproximadamente un 400% de esa inversión inicial, aprovechando la necesidad de reinserción de Perú en los mercados financieros internacionales”, afirma Donner. Carlos Boloña, ministro de Economía y Finanzas del entonces presidente Alberto Fujimori, accedió a pagarle a Singer 58 millones de dólares, además de bonos a 10 años, indica el experto. “A los pocos meses de esta operación, renunció envuelto en denuncias por corrupción que también involucraron al banco de inversión Swiss Bank Corporation”, agrega.
Tras la crisis financiera de Argentina de 2001, el fondo de Singer adquirió bonos por 117 millones de dólares, con un valor nominal de 617 millones. En 2016, el entonces Gobierno de Mauricio Macri le pagó 2.400 millones de dólares, un monto muy superior al exigido por jueces con jurisdicción en EE.UU., detalla Donner. “Ese litigio fue crucial para presionar al gobierno saliente de Cristina Fernández de Kirchner y lograr la derrota electoral de su coalición tras 12 años, agravando la situación financiera del país y amenazando con quedarse con parte de la petrolera estatal YPF”.
Sanciones y estrategias de presión
En esta ocasión, según Common Dreams, no se anticipan “sanciones paralizantes” que puedan perjudicar los intereses petroleros de Singer en Venezuela. Tras la elección de Hugo Chávez en 1999, el país nacionalizó todos los activos petroleros, tomó propiedad de bienes de propiedad extranjera y reestructuró la empresa, generando importantes beneficios económicos. Sin embargo, Estados Unidos impulsó sanciones en 2005, las amplió en 2017 y las reforzó en 2019.
“Cabe recordar que una de las principales estrategias del debilitamiento de Venezuela fue la batería de sanciones que redujo la producción de petróleo de PDVSA, que pasó de 3,04 millones de barriles diarios a fines de la década de 1990 a cerca de 1 millón en la actualidad”, agrega Donner.
En línea con un análisis que publicó el politólogo Chris Morlock, Donner considera la actuación de Singer como parte de una estrategia mayor, en la que las sanciones crean un default financiero que activa mecanismos de arbitraje que permiten la incautación de activos y disciplinan al Estado. “Las empresas financieras intervienen entonces para estabilizar la situación mediante la reestructuración de la deuda, el canje de acciones y la reincorporación al mercado con precios regulados. El petróleo permanece prácticamente bajo tierra. Las rentas fluyen hacia el exterior”, sostiene.
Cambios en el sector petrolero
Con la industria petrolera de Venezuela en declive, la opositora y exdiputada venezolana María Corina Machado –quien en 2018 pidió al expresidente de Argentina Mauricio Macri y a Netanyahu “que apliquen su fuerza e influencia para avanzar en el desmontaje del régimen criminal venezolano”, sin presentar pruebas– ha promovido trasladar la embajada de Venezuela en Israel a Jerusalén ocupada y respalda la privatización del sector de petróleo y gas para convertir al país en un “hub” energético abierto a la inversión extranjera.
Esta visión coincide con la postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien se ha reunido con Singer al menos cuatro veces desde 2016 y en 2024 recibió de él una donación de cinco millones de dólares para Make America Great Again Inc., su comité de acción política (conocido como SuperPAC, en inglés). Tras la captura de Maduro, Trump afirmó que administraría Venezuela y sus activos petroleros t, además de reunirse con una decena de ejecutivos del sector para discutir posibles inversiones.
“Van a entrar con cientos de miles de millones de dólares y a perforar en busca de petróleo”, declaró el mandatario de Estados Unidos. En 2021, cuando terminó su primer mandato, Trump dijo que Venezuela estaba “lista para colapsar” y que, de haber permanecido en la Casa Blanca, “la habría tomado” y “se habría quedado con todo ese petróleo”.
Ahora que se encuentra en su segundo período, Trump ha renovado su impulso a la Doctrina Monroe del siglo XIX –que define al hemisferio como “esfera de influencia exclusiva de EE.UU–, al punto de reforzarla a finales de 2025 en el documento de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Ante este contexto, Zeynep Kayacik, directora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Ankara, en Türkiye, advierte a TRT Español sobre lo que esto implica para la región. “A diferencia del siglo XX, la nueva Doctrina Monroe es más directa y agresiva. Por lo tanto, esta amenaza no es solo para Venezuela, sino para todo el continente americano”, explica.
En 2009, Chávez abordó lo que calificó como la amenaza del “imperio de los Estados Unidos” en una entrevista con el medio colombiano RCN, al referirse a la posibilidad de una guerra con Washington. “Aquí en Venezuela tenemos petróleo para más de 100 años; a Estados Unidos se le está acabando el petróleo”, afirmó.
Y desde 1920, Estados Unidos ha dependido del crudo de Venezuela, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial para impulsar su acción militar. Esta realidad lleva a Kayacik a considerar que “Venezuela, por su posición estratégica en el mar Caribe y su amplia riqueza de recursos naturales, como petróleo y minerales, se convierte tanto en un aliado estratégico como en un objetivo de intervención, directa o indirecta”.
Para Insuasty Rodríguez, “el plano económico” que incluye a Singer representa que, “en un escenario de reconfiguración política en Caracas, la intervención militar se entrelaza con intereses financieros y energéticos de largo alcance”.
En enero de 2025, el Gobierno de Venezuela anunció no solo que está dispuesto a “encarar diplomáticamente” a Washington, sino también planes para modificar la Ley de Hidrocarburos con el fin de atraer inversiones en infraestructura petrolera, en momentos en que el crudo se encuentra en el centro del debate entre Estados Unidos y Venezuela.