¿Qué quiere exactamente Estados Unidos de la Venezuela post-Maduro?
Con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, fuera del país, la estrategia de Estados Unidos allí parece enfocarse en el control institucional, la lealtad militar y el acceso al petróleo en lugar de la transición política, explican analistas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le ha advertido con insistencia al liderazgo chavista que quedó en Venezuela tras la captura del mandatario Nicolás Maduro, y que encabeza de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, que si ella no cumple con las demandas de Washington “enfrentará una situación probablemente peor que Maduro”, dejando claro que Caracas necesita alterar su rumbo.
Durante una conferencia de prensa tras la “Operación Resolución Absoluta” del pasado 3 de enero, Trump aseveró que Rodríguez cumplirá con sus exigencias, incluyendo la extracción petrolera estadounidense y la ruptura de lazos con países como Rusia, China e Irán.
“Nosotros dirigiremos Venezuela”, sostuvo.
Artículos publicados en medios estadounidenses han citado un análisis de la CIA que sugiere que Rodríguez puede persuadir a las élites socialistas gobernantes de Venezuela de que el chavismo, un movimiento populista de izquierda, continuará al frente del país mientras cumple con las demandas de Trump.
Tras la captura de Maduro, Venezuela, que cuenta con las mayores reservas petroleras del mundo, ha sido liderado por cuatro figuras clave: Rodríguez, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López; el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y Jorge Rodríguez, el presidente de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta encargada.
Analistas apuntan a que el foco ya no está sobre Maduro mismo, sino sobre los pilares de poder restantes capaces de remodelar el Estado desde dentro. Esta estrategia se centra en controlar instituciones clave en lugar de desmantelarlas por completo.
“Ante la ausencia de Maduro, Estados Unidos quiere controlar el ejército y transformar el gobierno venezolano a través de los hermanos Rodríguez. Esta es la estrategia estadounidense fundamental”, señala Mehmet Ozkan, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Defensa Nacional, durante una conversación con TRT World.
El 5 de enero, tras la salida forzada de Maduro del país y su investidura oficial para liderar el país, Delcy Rodríguez emitió un mensaje conciliatorio al Gobierno de Trump, invitándolo a colaborar en “una agenda de cooperación orientada hacia el desarrollo compartido dentro del marco del derecho internacional para fortalecer la convivencia comunitaria duradera”.
Pero queda por ver cómo resonará el mensaje de Rodríguez entre la cúpula militar, ya que los venezolanos sufrieron la muerte de más de 100 personas durante el ataque de EE.UU., la mayoría de las cuales eran funcionarios de seguridad, además de las protestas pro-Maduro sacudiendo la capital, Caracas.
Los militares son clave
En esta ecuación, los expertos señalan que el elemento más crucial es cómo actuarán y responderán las fuerzas de seguridad venezolanas bajo Padrino y Cabello, tanto con respecto a la presión estadounidense como a los posibles esfuerzos de Rodríguez para cambiar de dirección y cumplir con las demandas de Trump.
“Si el liderazgo militar permanece en gran medida bajo el control de Delcy Rodríguez y no se opone a la transformación en el país, el resto de la dirigencia del ejército podría sentir que perderá poder y actuar mediante un golpe militar”, explica Ozkan.
“En este escenario, una mayor violencia y problemas le esperan a Estados Unidos”.
Si bien el Gobierno de Trump sacó a Maduro del panorama venezolano, las señales emergentes no muestran indicios de que su aparato de seguridad vaya a colapsar pronto.
La semana pasada, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, declaró en un mensaje de video que Venezuela resistirá la presencia militar extranjera, señalando la postura firme del aparato de seguridad.
“A corto plazo, el factor clave que determina el comportamiento del aparato de seguridad es la relación evolutiva entre el alto mando y la clase política gobernante”, dice a TRT World Ozgur Korpe, un experto militar que también es catedrático visitante en la Universidad de Defensa Nacional.
“Señales confiables indican que los cuadros militares siguen siendo una extensión del régimen anterior”, añade.
Tanto el mensaje de Padrino como algunas consignas pronunciadas en el funeral de los militares que murieron durante la operación estadounidense – “la sangre derramada no es para venganza, sino un grito de justicia y poder” – demuestran que el aparato de seguridad chavista continúa operando porque se basa en “redes institucionales de relaciones, no en individuos” como Maduro, según Korpe.
Pero el experto también llama la atención sobre una dimensión crítica: una dinámica ligeramente diferente está en juego en los rangos inferiores y medios de los militares porque se ha acumulado allí un descontento significativo debido a la crisis económica y las difíciles duras condiciones de vida.
“Mensajes de exoficiales exiliados que expresan su disposición de regresar al país sugieren que el descontento en los rangos inferiores tiene el potencial de producir un resultado político en el futuro”, apunta.
Korpe sugiere que el descontento de los niveles medios e inferiores típicamente conduce a un resultado político cuando cambia la percepción del liderazgo superior sobre las amenazas internas, las cuales están estrechamente vinculadas a las presiones sociales dependiendo de la progresión de la crisis económica.
“En este caso, es posible que el alto mando se vuelva más abierto a una transición controlada para proteger sus propios intereses”, dice el analista militar, añadiendo que no se debería cerrar completamente la puerta a la posibilidad de una revolución desde abajo.
“En una geografía política con una historia revolucionaria como América Latina, tales iniciativas no serían sorprendentes”, destaca.
¿Qué significa “colaboración”?
La referencia de Rodríguez a una posible “colaboración” con la administración Trump ha llevado a diferentes análisis.
El verbo “colaborar” tiene diferentes significados dependiendo de la interpretación, ya que algunos marxistas de línea dura podrían verlo como una ruptura con la ideología central para cumplir con las demandas del “imperialismo” estadounidense, una palabra que Rodríguez usó inicialmente para describir el secuestro de Maduro por parte de Trump. Pero también podría significar un arreglo temporal con una superpotencia.
“Priorizamos avanzar hacia relaciones internacionales equilibradas y respetuosas entre Estados Unidos y Venezuela”, dijo también Rodríguez, añadiendo que “el presidente Donald Trump, nuestros pueblos y nuestra región merecen paz y diálogo, no guerra”.
Rodríguez enfrenta un dilema donde debe mantener su postura ideológica en línea con el movimiento chavista antiimperialista del país, mientras permite al Gobierno de Trump, a través de compañías petroleras estadounidenses, el acceso a las extensas reservas petroleras de Venezuela.
“Todo depende de lo que se entienda por la palabra colaboración”, dice a TRT World Alfonso Insuasty Rodríguez, coordinador de la Red Interuniversitaria por la Paz.
“Ella ha declarado que la puerta permanece abierta al diálogo, en un tono claramente diplomático, pero también ha sido firme en varios puntos sustanciales: el presidente legítimo es Nicolás Maduro, él debe regresar al país, la agresión debe cesar, y se deben tomar medidas para reparar el daño causado”, dice Rodríguez, quien también es director del grupo de investigación GIDPAD en la Universidad de San Buenaventura.
Entre muchos desacuerdos entre Caracas y Washington, “el tema petrolero emerge como un eje sensible, el talón de Aquiles de esta disputa”, dice, añadiendo que Venezuela continuará respetando los acuerdos existentes con otros países, incluidos China y Rusia.
Pero Trump ha dicho claramente que quiere apoderarse del petróleo venezolano mientras las fuerzas armadas estadounidenses continúan patrullando el mar Caribe, bloqueando envíos de petróleo.
En una medida reciente, Estados Unidos incautó un petrolero de bandera rusa vinculado a Venezuela, que ha tenido fuertes relaciones con Moscú bajo el gobierno de Maduro. El país latinoamericano exporta más del 90% de su petróleo a China.
Bajo la continua presión de Washington, el liderazgo actual en Caracas busca desescalar las tensiones con Estados Unidos, cuyo aparato militar altamente especializado, con supremacía tecnológica, tiene “más de dos siglos de experiencia en invasiones, intervenciones extraterritoriales y operaciones encubiertas”, y recibe constantemente entrenamiento en escenarios de guerra asimétrica.
Como resultado, Insuasty Rodríguez ve la declaración conciliatoria de la presidenta encargada hacia Trump como “un ejercicio de política de alto nivel”, destinado a aliviar la posibilidad de una confrontación armada, “sin renunciar a los fundamentos del proyecto nacional”, refiriéndose al movimiento chavista de Venezuela.
“Bajo ninguna circunstancia implica aceptar un cogobierno, ni, mucho menos, ninguna delegación de poder o toma de decisiones estratégicas del estado venezolano a Estados Unidos”, dice Rodríguez.
También señala que los grupos paramilitares socialistas conocidos como colectivos están coordinando con las fuerzas armadas para asegurar la estabilidad política mientras continúan los procedimientos legales internacionales.
“Hay cohesión; la guerra cognitiva continúa, apuntando contra los rumores que buscan romper esa cohesión — hasta ahora, sin éxito”, dice, refiriéndose a la recién instalada Asamblea Nacional bajo el hermano de Delcy Rodríguez.