Victoria de De la Espriella: ¿se suma Colombia al giro a la derecha en la región empujado por Trump?
AMÉRICA LATINA
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Victoria de De la Espriella: ¿se suma Colombia al giro a la derecha en la región empujado por Trump?De la Espriella se proclamó ganador en Colombia, pero Petro exige un escrutinio judicial. Si se confirma el resultado, Washington consolidará su estrategia geopolítica y el giro a la derecha en la región, sumando a un país clave de América Latina.
El candidato a la Presidencia de Colombia por el movimiento de derecha Defensores de la Patria, Abelardo De La Espriella

Solo 300.000 votos separan a Abelardo de la Espriella, el candidato de extrema derecha que se ha proclamado ganador en Colombia con un 49,6%, de Iván Cepeda, el candidato de izquierda respaldado por el presidente Gustavo Petro, quien obtuvo un 48,7%.

En medio de la polarización que atraviesa el país latinoamericano, Petro ha pedido que se realice un escrutinio judicial antes de declarar un ganador. La solicitud se produce en un contexto marcado por antecedentes electorales recientes. En las elecciones legislativas de 2022, la verificación legal por mesa detectó 500.000 votos no contabilizados a favor de su coalición, el Pacto Histórico, lo que aumentó sus escaños en el Congreso de 16 a 20 y alteró el equilibrio de las fuerzas políticas.

En la red social X, el mandatario ha denunciado lo que considera irregularidades en el proceso electrónico diciendo que tiene “evidencia de un cambio de direcciones IP de varios servidores de la Registraduría Nacional”. En el mismo mensaje ha declarado que “el único con capacidad de hacer eso en el mundo es el Estado de Israel”.

El actual presidente de Colombia ha sido un duro y vocal crítico del genocidio israelí en Gaza. En mayo de 2024, Bogotá rompió relaciones diplomáticas con Tel Aviv. Durante la Asamblea General de la ONU, en septiembre de 2025, Petro criticó duramente a Israel, pero también las políticas del actual mandatario estadounidense, Donald Trump.

Poco después, en octubre de 2025, Washington incluyó a Petro, a su círculo familiar y a su ministro del Interior en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) por presuntos vínculos con el narcotráfico. Trump acusó al presidente, sin pruebas, de liderar el tráfico de drogas en su país. 

En línea con este escenario, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, respaldaron abiertamente a De la Espriella y se apresuraron a felicitarlo incluso antes de la publicación de los resultados oficiales.

Al tiempo que algunos observadores consideran estos respaldos como expresiones habituales de alineamiento político, otros los interpretan como posibles casos de injerencia en los procesos políticos internos de la región, lo que pone bajo la lupa la extensión de la influencia de Washington.

Washington apoya agendas afines en Latinoamérica

“La actual administración estadounidense ha buscado influir activamente en los procesos políticos de la región, brindando respaldo financiero, político y diplomático a fuerzas de derecha cuyas agendas resultan funcionales a sus intereses estratégicos”, explica Sebastián Schulz, sociólogo de la Universidad Nacional de La Plata y analista geopolítico, en conversación con TRT Español.

En ese contexto, los casos de Argentina y Honduras han sido objeto de escrutinio. En Argentina, Trump se reunió con el presidente Javier Milei y lo respaldó antes de los comicios legislativos en octubre de 2025. Mientras, el Departamento del Tesoro estadounidense condicionaba la aprobación de una línea de divisas de 20.000 millones de dólares —que ayudó a estabilizar la economía del país— al triunfo del libertario.

En Honduras, Nasry “Tito” Asfura, respaldado públicamente por Donald Trump, fue declarado ganador por un margen de apenas el 1% de los votos en diciembre, en un proceso que, según reportes de medios como la agencia de noticias Anadolu y el periódico El País, estuvo marcado por denuncias de irregularidades. Estas acusaciones ganaron fuerza tras el estallido del denominado “Hondurasgate”.

En abril de 2026, filtraciones periodísticas revelaron grabaciones de audio de una presunta trama de desestabilización organizada por líderes de derecha de la región, EE. UU. e Israel. El eje central es el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, indultado por Trump a finales de 2025 de su condena por narcotráfico.

Las grabaciones detallan el financiamiento en EE.UU. de campañas de difamación contra mandatarios de izquierda como Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro y Luiz Inácio Lula da Silva. También exponen la complicidad del eje Trump-Netanyahu-Milei, evidenciando cómo el primer ministro israelí presionó por el indulto de Juan Orlando mientras se coordinaba el apoyo financiero argentino para frenar a la izquierda regional.

Julián Bilmes, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de La Plata, explica a TRT Español que “se aprecia una estrategia regional donde la injerencia en Honduras y Argentina demuestra los métodos que EE.UU. está dispuesto a usar para controlar una región rica en recursos naturales estratégicos”.

Los implicados niegan la veracidad de los audios, pero peritajes independientes han establecido con alta probabilidad su autenticidad. Lo que no parece dejar duda es que, no solo en Argentina y Honduras, sino en Chile, Ecuador, Bolivia e incluso —aún por determinar— en Perú y Colombia, los candidatos favorecidos por Estados Unidos, y cuyas agendas se alinean con la suya, ganan.

Para Ariane Costa, analista geopolítica del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI), la llegada al poder por segunda vez de Trump ha ayudado a legitimar una narrativa conservadora, pero por sí sola no explica la elección de gobiernos de derecha en Latinoamérica.

El “corolario Trump” a la doctrina Monroe

Según Schulz, el renovado apoyo estadounidense a gobiernos de derechas en Latinoamérica “puede entenderse en el marco de una estrategia más amplia de los sectores neoconservadores de Estados Unidos orientada a recuperar y consolidar su influencia en América Latina”.

El “corolario Trump” de la Doctrina Monroe concibe el hemisferio occidental como una zona de influencia que debe mantenerse libre de incursiones externas consideradas hostiles. Actualmente, se basa en la presión a los gobiernos latinoamericanos para que rompan sus vínculos con potencias consideradas por Washington como rivales estratégicos, especialmente China y Rusia, continúa Schulz. 

En esta línea, además, en mayo de 2025 Gustavo Petro incluyó formalmente a Colombia en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés), una estrategia de desarrollo y cooperación global impulsada por Beijing.

En conversación con TRT Español, Ariane Costa dice que uno de los ejes tradicionales de la relación de Estados Unidos con la región ha sido la promoción de una agenda liberal-democrática, pero que esto ha pasado a un segundo plano por la competencia estratégica con China. “La promoción de la democracia y los derechos humanos dejó de ocupar el centro de la política hemisférica estadounidense, dando paso a una lógica más transaccional y geoeconómica”, asegura la analista.

Julián Bilmes argumenta que Estados Unidos considera a Latinoamérica como su “principal área de influencia y apoyo en materia de suministro de materias primas críticas para la actual competencia tecnoeconómica y militar”.

La acción militar estadounidense en Venezuela, que ocurrió meses antes del inicio de la agresión contra Irán –que ha puesto en jaque los suministros internacionales de petróleo–, así como informes del medio The Guardian y del TRT Research Centre, parecen apuntar en esa dirección.

Tras la captura del presidente venezolano, la administración del país ha retomado las relaciones, lo que ha llevado a la reapertura de la embajada de Washington en Caracas. Donald Trump ha asegurado en varias ocasiones que EE.UU. “controla” el petróleo venezolano.

Lucha antidrogas y migración como ejes de cooperación con Washington

La intervención en Venezuela se justificó acusando a Maduro de liderar el Cartel de los Soles, un argumento cuestionado por expertos. Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump ha impulsado una agresiva política de lucha antidrogas y control de la migración. “Esta agenda legitima una mayor injerencia de las agencias de inteligencia estadounidenses en los asuntos internos bajo el argumento de la cooperación en seguridad”, señala Schulz.

El caso de Ecuador parece ilustrar esta dinámica. Daniel Noboa, presidente del país, nació en Miami, creció en Guayaquil y estudió en Estados Unidos. Hijo de un empresario que fue candidato presidencial en cinco ocasiones, ha mantenido una relación cercana con el gobierno de Trump, en un contexto de creciente cooperación entre Ecuador y EE. UU. en inteligencia y asistencia militar.

Además, desde que asumió la presidencia en noviembre de 2023, Noboa ha promovido reformas constitucionales para permitir nuevamente el establecimiento de bases militares extranjeras en territorio ecuatoriano. Esta cooperación militar renovada busca contener la criminalidad y los flujos migratorios irregulares en lo que el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, denomina “nuestro hemisferio”.

La lucha contra el narcotráfico y la gestión de los flujos migratorios son, para Ariane Costa, otros dos de los ejes tradicionales de la relación de Washington con Latinoamérica. Esto ha adquirido una centralidad inédita con la presente administración, “en gran medida porque responden a demandas de alto impacto doméstico entre los votantes del movimiento MAGA”, afirma la analista.

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El límite entre cooperación transnacional e injerencia externa

Este avance conservador no es un fenómeno exclusivo de América Latina. Bilmes apunta que se trata de “una oleada internacional circunscrita al mundo occidental, que cobra fuerza gracias a líderes carismáticos con discursos simplificados dirigidos a poblaciones desencantadas con la política tradicional”.

Schulz considera que algunos gobiernos de la región “socialdemócratas o neoprogresistas han profundizado los problemas estructurales como la desigualdad, la precarización laboral, la inseguridad económica o el estancamiento productivo”, lo que ha llevado a un desencanto con las fuerzas políticas tradicionales y ha abierto un espacio para que se consoliden fuerzas de extrema derecha.

El fenómeno del giro a la derecha en Latinoamérica también se explica por la “alternancia política y el voto de castigo frente a gobiernos percibidos como ineficientes”, según Costa, además de una “creciente personalización” de la política exterior estadounidense.

En mayo de 2025, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente de Brasil Jair Bolsonaro (2019-2023), actualmente detenido por su presunta implicación en un intento de golpe tras su derrota en 2022 frente a Luiz Inácio Lula da Silva, se reunió con Donald Trump en Estados Unidos.

Flávio Bolsonario, senador y aspirante candidato presidencial ha estado vinculado a un escándalo financiero y, durante sus encuentros con Trump, abordó posibles vías de cooperación en materia de crimen, aranceles y comercio de tierras raras y minerales críticos entre ambos países.

Para la analista, el recibimiento de Flavio Bolsonaro en la Casa Blanca ilustra cómo las preferencias políticas de Washington se proyectan sobre las disputas domésticas de otros países.

En este contexto, Trump se muestra dispuesto a manifestar su apoyo públicamente a determinados candidatos, lo que Costa entiende que “tiene repercusiones en los debates internos de la región” y “plantea interrogantes sobre los límites entre la afinidad ideológica transnacional y la no injerencia en los asuntos internos”.


FUENTE:TRT Español