Mientras la subida en los precios del petróleo acapara titulares día a día por la guerra que EE.UU. e Israel lanzaron contra Irán hace casi mes y medio, con el cierre del estrecho de Ormuz en la mira, hay otros golpes más silenciosos que también están impactando la economía global. Desde escasez en el suministro de alimentos y medicinas, pasando por una asfixia sostenida a las rutas de transporte –incluidas las humanitarias– hasta la advertencia de una desaceleración en el crecimiento mundial: todos son elementos que acechan por su gravedad y preocupan a los expertos.
El aumento en los costos de transporte, el cierre de rutas marítimas y los retrasos en las entregas de bienes han puesto en riesgo a millones de personas, al punto que diversas organizaciones humanitarias ya encendieron las alarmas. Y su advertencia es clara: el conflicto en Oriente Medio ha menoscabado su posibilidad de atender a poblaciones enteras, con el riesgo de que el sufrimiento se agrave si la violencia continúa.
Al cortar rutas marítimas vitales, la guerra ha creado una crisis energética mundial interrumpiendo las cadenas de suministro de las entidades de ayuda. ¿El resultado? Deben utilizar rutas más costosas y que requieren más tiempo. Entonces, el hecho de que el neurálgico estrecho de Ormuz esté prácticamente cerrado ha llevado a que otros centros estratégicos como Dubái, Doha y Abu Dabi también resulten afectados.
En términos concretos, los costos de transporte se han disparado por el aumento de los precios del combustible y los seguros, lo que significa que se pueden entregar menos suministros con el mismo presupuesto. Justamente, el Programa Mundial de Alimentos destaca que decenas de miles de toneladas métricas de alimentos enfrentan grandes retrasos en su tránsito.
El Comité Internacional de Rescate (IRC, por sus siglas en inglés) tiene varados en Dubái productos farmacéuticos que ascienden a un valor de 130.000 dólares, cuyo destino era Sudán, devastado por la guerra. A lo que se suma que cerca de 670 cajas de alimentos terapéuticos para niños con desnutrición grave en Somalia se encuentran en la India. Por su parte, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés) afirma haber retrasado el envío de equipos a 16 países.
Los drásticos recortes de EE.UU. a la ayuda exterior ya habían perjudicado a muchas organizaciones humanitarias, que aseguran que la guerra lanzada contra Irán está agravando el problema. De hecho, la ONU afirma que esta es la interrupción más importante de la cadena de suministro desde la pandemia COVID-19, con un aumento de hasta un 20% en los costos de los envíos y retrasos debido al desvío de mercancías. Además, al ser un conflicto con ataques y víctimas, está generando nuevas emergencias, como en Irán y en el Líbano, donde al menos un millón de personas han sido desplazadas.

“La guerra en Irán y la interrupción del estrecho de Ormuz amenazan con llevar las operaciones humanitarias más allá de sus límites”, declaró Madiha Raza, directora asociada de asuntos públicos y comunicaciones para África del IRC.
Incluso si se llega a un alto el fuego, el impacto en las cadenas de suministro globales podría seguir retrasando la ayuda vital durante meses, añadió.
Rutas más largas y costosas
La guerra ha obligado a las organizaciones humanitarias a buscar nuevas formas de transportar mercancías. Algunas han optado por evitar el estrecho de Ormuz y el canal de Suez, y han desviado los buques rodeando África, lo que ha añadido semanas al plazo de entrega. Otras utilizan una combinación de métodos, incluyendo transporte terrestre, marítimo y aéreo, lo que incrementa los costos.
Jean-Cedric Meeus, jefe de transporte y logística global del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), afirmó que su agencia está utilizando varias rutas terrestres y aéreas para enviar vacunas a Nigeria e Irán con el fin de que lleguen a tiempo para las campañas, pero los costos se han disparado.
Antes de la guerra, Unicef enviaba las vacunas a Irán por avión directamente desde proveedores de todo el mundo. Ahora las transporta por avión hasta Türkiye y luego por carretera hasta Irán, lo que ha incrementado los costos en un 20% y ha añadido 10 días al plazo de entrega, explicó.
La organización Save the Children International, que normalmente enviaba suministros por vía marítima desde Dubái a Port Sudan, ahora tendrá que transportar las mercancías por carretera desde Dubái a través de Arabia Saudí y luego en barcaza a través del mar Rojo, según ha comunicado la organización.
Esta solución añade 10 días y aumenta los costos en aproximadamente un 25%, en un momento en que más de 19 millones de sudaneses sufren inseguridad alimentaria aguda. El retraso pone en riesgo de escasez de medicamentos esenciales a más de 90 centros de atención primaria de salud en todo Sudán, según se informó.
El aumento repentino de los precios también obliga a las organizaciones a priorizar sus necesidades. “Al final, o bien se sacrifica la cantidad de niños a los que se atiende... o bien se sacrifica la cantidad de artículos que se pueden comprar”, declaró Janti Soeripto, presidenta de Save the Children en Estados Unidos. La organización afirmó tener reservas en los países donde trabaja, pero algunas podrían agotarse en cuestión de semanas.
El aumento de los costos también está afectando la capacidad de las personas para buscar ayuda dentro de sus países. Médicos Sin Fronteras señaló que la escalada del precio del combustible en Somalia —donde unos 6,5 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda— ha incrementado por las nubes los costos del transporte y los alimentos, dificultando el acceso a la atención médica. En Nigeria, el IRC afirma que los precios del combustible se han disparado un 50%, y las clínicas tienen dificultades para alimentar equipos como generadores, lo que ha provocado que los equipos móviles de salud reduzcan sus operaciones.
Riesgo de que se frene el crecimiento económico
La semana pasada, el Fondo Monetario Internacional (FMI) emitió una dura advertencia sobre el posible freno del crecimiento económico mundial a la guerra en Irán. En pocas palabras, la organización con sede en Washington afirma que si el conflicto continúa interrumpiendo el suministro de petróleo, gas natural y fertilizantes de la región del Golfo, la población de muchos países se enfrentará a un aumento en el precio del combustible, la calefacción y los alimentos, con consecuencias que podrían prolongarse durante años.
Máximo Torero, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), advierte que el colapso del tráfico de buques cisterna a través del estrecho de Ormuz está generando una de las perturbaciones más graves en la circulación mundial de materias primas en los últimos años.
Torero señala los riesgos para la seguridad alimentaria y la producción agrícola debido al aumento de los costos de los fertilizantes y la energía. “La continua interrupción del corredor comercial del estrecho de Ormuz está provocando una de las crisis más graves en los flujos mundiales de materias primas de los últimos años, con importantes implicaciones para la seguridad alimentaria, la producción agrícola y los mercados mundiales”.
El aumento del precio de los fertilizantes encarece la producción agrícola, lo que a la larga eleva el precio del pan, el arroz, las verduras y otros productos básicos en los supermercados. Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics, advierte sobre el impacto directo en la población: “Los consumidores corren el riesgo de verse gravemente afectados por el alza de los precios del petróleo, que ya ha encarecido el galón de gasolina. La inflación se acelerará rápidamente, mermando el poder adquisitivo de los consumidores y afectando el gasto, el PIB y el empleo”.

La crisis del hambre podría agravarse
Una de las mayores preocupaciones es el impacto que tendrá la guerra en el hambre a nivel mundial. El Programa Mundial de Alimentos advierte que, si el conflicto continúa hasta junio, 45 millones de personas más padecerán hambre aguda, sumándose a los casi 320 millones que ya la sufren en todo el mundo.
Alrededor del 30% del fertilizante mundial llega a través del estrecho de Ormuz, y con la temporada de siembra a la vuelta de la esquina en zonas como África Oriental y el sur de Asia, los pequeños agricultores de los países pobres se verán gravemente afectados. Sudán importa más de la mitad de su fertilizante del Golfo Pérsico, y Kenia aproximadamente el 40%, según organizaciones humanitarias.
El secretario general de la ONU ha creado un grupo de trabajo para facilitar el comercio de fertilizantes, inspirado en la Iniciativa de Cereales del Mar Negro. Sin embargo, las organizaciones humanitarias afirman que esto no será suficiente. Si no hay alto el fuego, los gobiernos deben proporcionar más fondos a las organizaciones para que puedan responder al aumento de los costos, afirman.
A lo que se suma que expertos humanitarios señalan que la respuesta internacional para financiar la ayuda durante esta guerra ha sido más lenta que en conflictos anteriores como el de Ucrania, lo que podría reflejar la creciente presión para priorizar la seguridad sobre la asistencia en un momento de gran inestabilidad mundial.
“Se ven obligados a tomar decisiones difíciles entre la seguridad de la defensa y la ayuda humanitaria”, declaró Sam Vigersky, investigador de asuntos internacionales del Consejo de Relaciones Exteriores, quien ha escrito sobre el impacto de la guerra en la ayuda.
Añadió que, cuando Estados Unidos entra en guerra, normalmente cuenta con provisiones para la ayuda, pero no las ha estado “activando”. “No se trata de una cuestión de capacidad, sino de una decisión política”, afirmó.






