“Las abejas salvaron mi dignidad durante la guerra y volvieron a salvarla en el exilio”, relata Musa Al-Janati, apicultor sirio de 54 años, a TRT Español, mientras revisa una de sus colmenas junto a su casa en la aldea de Zubaydah, situada en el sur de Siria.
Desde su humilde vivienda en la provincia de Quneitra, en la zona siria del Golán, una meseta rocosa de unos 1.800 km² en Oriente Medio, Al-Janati rememora cómo las abejas han estado presentes durante más de tres décadas de su vida.
Con ellas forjó una estrecha relación desde antes de la guerra civil de 2011-2024 -que dejó más de 60.000 muertos, incluidos varios de sus familiares- hasta el desplazamiento, el exilio en Türkiye y el regreso a su pueblo tras la caída del régimen de Bashar Al-Assad.
Hoy, de regreso en casa, intenta reconstruir la vida de una familia de 11 hijos y 12 nietos en una aldea situada a menos de un kilómetro de la línea de separación entre los Altos del Golán, un territorio ocupado por Israel desde 1967, y el resto de Siria.
Mientras repara su vivienda, dañada por la guerra, intenta recuperar sus tierras y colmenares. Pero esa tarea se ha vuelto cada vez más difícil desde el 8 de diciembre de 2024, debido al aumento de la presencia militar israelí, que ha elevado los costos para apicultores como él.
De pastor a apicultor
Antes, Al-Janati creció en una familia de pastores en la zona rural de Quneitra, donde, como muchas otras, criaban más de 400 ovejas para subsistir. “La vida de un ganadero suele ser muy dura, así que empecé a buscar un proyecto que me permitiera obtener ingresos y, al mismo tiempo, disponer de más tiempo libre”, recuerda.
Con el paso del tiempo, desarrolló interés por la lectura y la escritura. Durante sus estudios universitarios en Damasco, se inició en la crianza de las abejas con apicultores veteranos de la región y terminó convirtiéndola en su oficio. “Necesitaban la ayuda de un joven”, recuerda. “Mientras los ayudaba, aprendía de toda la experiencia que habían acumulado durante décadas”.
Así comenzó su trayectoria, que primero fue un proyecto económico y después, según dice, “una verdadera pasión”.
“Aprendí a amar todo lo relacionado con ellas. El zumbido de las abejas me emocionaba, igual que el aroma de las flores”, evoca. Y agrega: “Llegué a conocer prácticamente todas las plantas melíferas de la geografía siria, cuándo florecen y cuándo termina su floración”.
“Tuve éxito en esta profesión, por lo que decidí enseñar apicultura a hombres y mujeres de mi pueblo y de mi familia”, relata. “Poco a poco, nuestra aldea pasó de depender de la ganadería a convertirse en una comunidad de apicultores”.
Años después, aquellas colmenas se convertirían en uno de los pilares que sostuvieron a su familia durante la guerra y el exilio.
Guerra, pérdidas y desplazamiento
Al-Janati asegura que su participación en las protestas contra el régimen de Al-Assad en 2011 estuvo ligada a la historia de su familia en el Golán, marcada por la ocupación israelí y el desplazamiento de miles de habitantes de Quneitra.
“Desde el primer día de la revolución decidimos apoyarla. Los habitantes del Golán fuimos, probablemente, quienes más sufrimos bajo el régimen de Assad”, afirma.
Agrega que el régimen consolidó su poder al aceptar de facto la pérdida de los Altos del Golán y renunciar a reclamarlos, mientras mantenía discursos de “resistencia” y “confrontación”. Señala que, por ser originarios de la zona, conocían “la realidad detrás de ese relato”.
La brutalidad de la guerra civil dejó cicatrices profundas en la vida de Al-Janati. “Durante la guerra en Siria perdí a dos de mis hijos. Mi casa quedó parcialmente destruida y también perdí a la esposa de mi hermano, a mi hermano y a un sobrino.”
Y, como otros sirios, perdió su fuente de ingreso como profesor. Pero durante ese periodo, Al-Janati explica que la miel y otros productos derivados de las abejas ayudaron a sostener a su familia durante los años más difíciles del conflicto.
“Cuando el sur de Siria estuvo sitiado, las abejas preservaron nuestra dignidad. Por eso representan tanto para mí”, asegura.
“Las abejas quedaron ligadas a mis sentimientos y a mi dignidad. Siento que forman parte de mi vida cotidiana y de lo más profundo de mi alma”, dice.
Pero en 2018, cuando las fuerzas del régimen recuperaron el control del sur de Siria, Al-Janati comprendió que tampoco podría seguir junto a ellas.
“Le dije a mi familia: quien duerme apoyado en el brazo de su enemigo es un ingenuo”, recuerda. “Mi hermano se quedó aquí y lo mataron. Mi hijo también se quedó y también lo mataron”, relata con pesar.
Pocos días después subió a uno de los llamados “autobuses verdes” que trasladaron a miles de desplazados desde el sur hacia el norte del país.
“Fue uno de los momentos más difíciles de mi vida. Dejé mi casa, mi huerto, mi finca y mis abejas. Pero no miré atrás, porque sabía que el régimen me detendría o me mataría”, recuerda.
“Salimos hacia Idlib bajo el fuego de los combates y los bombardeos rusos y sirios”, cuenta.
Tras llegar al noroeste de Siria en julio de 2018, pasó un breve periodo en campamentos para desplazados.
No obstante, sentía que esa situación se volvía insostenible. “Durante toda mi vida tuve una casa espaciosa y una gran finca, y siempre mantuve a mi familia con mi trabajo. No podía continuar viviendo en un campamento”, relata.
Por eso, poco después decidió mudarse con su familia a Türkiye, con la intención de empezar de nuevo junto a la actividad que mejor conocía: la apicultura.
La miel del exilio
Al-Janati recuerda que su llegada a Türkiye no fue fácil. Pasó meses intentando llegar al país hasta que finalmente logró establecerse en la provincia de Hatay, en el sur, con una residencia temporal. Más tarde obtuvo una licencia para ejercer la apicultura, aunque asegura que, pese a las décadas de experiencia acumuladas en Siria, tuvo que empezar prácticamente desde cero.
“Era un desconocido en la zona. Tenía que aprender cuáles eran las razas de abejas presentes allí, conocer los pastos y entender cómo funcionaba todo en Türkiye”, recuerda.
Con la ayuda de apicultores turcos, pasó meses recorriendo montañas y zonas de pastoreo y, poco después, lanzó su propio proyecto. Las autoridades también facilitaron su camino como apicultor y sus hijos comenzaron la escuela.
Poco a poco logró reconstruir su actividad y llegó a gestionar cerca de 400 colmenas en distintas regiones del país como Hatay, Osmaniye, Gaziantep, Malatya, Bingöl, Elazığ, Erzurum, Kars e Iğdır.
“Viví con las abejas y ellas me llevaban de un lugar a otro”, dice.
Pese a haber reconstruido su proyecto en Türkiye, nunca dejó de pensar en Siria. “Mi familia, mi gente, mi huerto y mis colmenas quedaron allí. Me arrancaron de mis raíces y me plantaron en Türkiye. Por eso nunca desapareció la idea de regresar”.
Cuando cayó Al-Assad a finales de 2024, asegura que tomó una decisión inmediata. “Desde los primeros días de la liberación empecé a cerrar mi proyecto en Türkiye. Quería volver poco a poco a mi país. Mi espíritu ya había regresado antes que yo a mi hogar”.
El regreso a las raíces
Cuando Al-Janati regresó a su aldea, en la provincia de Quneitra, a finales de 2025, tras casi siete años de ausencia, no se dirigió primero a su casa ni a sus colmenas. Fue al cementerio. “Lo primero que visité fueron las tumbas de mis seres queridos”, relata.
Después recorrió la finca familiar y los árboles que había plantado antes de partir. “Abracé los árboles”, recuerda.
Además, volvió a trabajar en la Dirección de Educación, recuperó la actividad apícola y comenzó a rehabilitar la vivienda familiar, las tierras agrícolas y el pozo de agua.
Sin embargo, afirma que el retorno no puso fin a las dificultades. Su casa se encuentra cerca de la línea de separación del Golán y asegura que la presencia militar israelí se ha convertido en una realidad cotidiana para los habitantes de la zona.
Ocupación
“Sentimos preocupación y también humillación, porque se trata de fuerzas de ocupación en nuestra tierra”, afirma con visible enfado.
Al-Janati afirma que la presencia militar israelí y las incursiones han dificultado el acceso a tierras agrícolas y colmenares, además de afectar la comercialización de la miel y otros productos de la familia.
“Somos productores de miel y ese es uno de nuestros principales medios de vida. Antes la gente venía hasta nuestra finca para comprar la miel del Golán, además de nuestros productos agrícolas, como moras, aceitunas, higos y granadas”, explica. “Hoy casi nadie puede llegar hasta aquí y eso dificulta enormemente la comercialización de todo lo que producimos.”
Desde la caída del régimen, Israel amplió su presencia militar en el sur de Siria y estableció nueve posiciones militares. La expansión ha limitado el acceso de agricultores y apicultores a parte de sus tierras en las provincias de Quneitra y Daraa.
A pesar de ello, insiste en que su familia no contempla abandonar nuevamente su hogar. “Nuestras almas y nuestros cuerpos ya no pueden soportar otro desplazamiento, más tiendas de campaña y otra guerra”, dice.
Pese a todo, continúa trabajando cada día junto a sus hijos y nietos, “amando esta tierra”.
“El Golán es mi hogar hasta el último día de mi vida”, concluye el apicultor. “Solo saldré de mi casa dentro de un ataúd.”



















