El ministro de Finanzas de Israel, el ultraderechista Bezalel Smotrich, ha amenazado con que Israel podría avanzar hacia una reocupación de Gaza si el grupo de resistencia palestino Hamás se niega a desarmarse. Así, sus declaraciones se interpretan como un nuevo indicio de las crecientes tensiones en torno a la siguiente fase del frágil alto el fuego.
En este contexto, durante una entrevista concedida el lunes a la radiodifusora pública israelí KAN, Smotrich afirmó que Hamás podría enfrentarse pronto a un ultimátum para entregar sus armas y aceptar la desmilitarización total de Gaza.
“Si no cumple, el ejército israelí tendrá legitimidad internacional y respaldo estadounidense para actuar por su cuenta”, sostuvo. Además, aseguró que la planificación militar ya está en marcha.

Segunda fase de una tregua frágil
Sus palabras llegan, precisamente, cuando las negociaciones sobre la segunda fase del alto el fuego siguen envueltas en la incertidumbre. El acuerdo actual, impulsado con apoyo de Estados Unidos, contempla una retirada gradual israelí acompañada de nuevos arreglos de seguridad; entre ellos, la posible llegada de una fuerza internacional de estabilización.
No obstante, Smotrich restó importancia a ese eventual despliegue al afirmar que no impediría una nueva ofensiva israelí. Según argumentó, las tropas extranjeras probablemente se retirarían si Israel decidiera lanzar otra operación militar, una opción que, de hecho, se estaría considerando activamente dentro del Gobierno.
En consecuencia, la advertencia pone de relieve las crecientes divisiones sobre el futuro de Gaza tras la ofensiva: mientras los sectores más duros del Ejecutivo presionan por una ocupación total, los mediadores regionales continúan tratando de encauzar un marco político más duradero.
Smotrich y su defensa del castigo colectivo
En línea con esta postura, Bezalel Smotrich ha abogado en repetidas ocasiones por acciones militares de gran envergadura en Gaza. En el pasado, incluso llegó a pedir que el enclave fuera “arrasado” y que su infraestructura fuese desmantelada con el objetivo de eliminar a los grupos de resistencia.
Asimismo, el ministro ultraderechista ha respaldado propuestas para una ocupación israelí a largo plazo tras la ofensiva, incluidas iniciativas vinculadas al desplazamiento de población y a la reconfiguración del sistema de gobierno en el territorio.
Como resultado, sus declaraciones han suscitado críticas internacionales. Organizaciones de derechos humanos han advertido de que este tipo de retórica corre el riesgo de legitimar el castigo colectivo y una destrucción masiva en zonas civiles densamente pobladas.












