Venezuela “jamás” ha contemplado convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos. Así lo aseguró este lunes la presidenta encargada del país, Delcy Rodríguez, al responder desde La Haya a las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien volvió a insinuar la posibilidad tras el secuestro del depuesto líder Nicolás Maduro.
“Eso nunca se habría considerado, porque si algo tenemos los venezolanos y venezolanas es que amamos nuestro proceso de independencia, amamos a nuestros héroes y heroínas independentistas”, declaró Rodríguez ante los periodistas al salir de una audiencia en la Corte Internacional de Justicia.
Las palabras de la dirigente llegan en medio de una relación cada vez más compleja entre Caracas y Washington. Desde el secuestro de Maduro el pasado 3 de enero, Trump ha multiplicado sus comentarios sobre el futuro político del país petrolero y sobre la creciente influencia estadounidense en Venezuela.
Este lunes, según Fox News, el mandatario afirmó que estaba “considerando seriamente” convertir a Venezuela en el estado número 51 de EE.UU. No es la primera vez que desliza esa idea. En marzo, escribió en su red Truth Social: “¡Últimamente están ocurriendo cosas buenas en Venezuela! Me pregunto de qué se trata esta magia. ¿ESTADIDAD, #51, ALGUIEN?”
Pese al tono desafiante de Trump, Rodríguez intentó mostrar una imagen de pragmatismo y aseguró que su gobierno trabaja con Washington bajo “una agenda de cooperación diplomática”.
Desde que asumió el poder tras la salida de Maduro, la exvicepresidenta ha encabezado un progresivo deshielo con Estados Unidos, aunque bajo una intensa presión de la Casa Blanca para facilitar el acceso a las enormes reservas de petróleo y minerales venezolanos.
Trump ha elogiado en varias ocasiones a Rodríguez por las reformas económicas impulsadas en los últimos meses, especialmente la apertura de los sectores petrolero y minero a compañías extranjeras, en particular estadounidenses.
La dirigente venezolana también promovió una ley de amnistía que permitió la liberación de cientos de presos, aunque cerca de 500 personas continúan encarceladas.
Disputa por el Esequibo
Pero la presencia de Rodríguez en La Haya no estuvo marcada únicamente por las tensiones con Washington. La presidenta encargada compareció ante la Corte Internacional de Justicia para defender la posición venezolana en la histórica disputa territorial con Guyana por el Esequibo, una vasta región rica en petróleo cuya soberanía Caracas reclama desde hace más de un siglo.
El viaje, además, tiene un fuerte simbolismo político: se trata de la primera salida de Rodríguez fuera del Caribe desde que asumió el poder tras la caída de Maduro.
El Esequibo, actualmente administrado por Guyana, abarca cerca de dos tercios del territorio de ese país y se ha convertido en uno de los puntos más sensibles de la geopolítica regional. La tensión aumentó en los últimos años después de que ExxonMobil descubriera enormes reservas de petróleo frente a sus costas, un hallazgo que transformó a Guyana, una nación de menos de un millón de habitantes, en el país con mayores reservas de crudo per cápita del mundo.
Ahora, el máximo tribunal de Naciones Unidas deberá determinar qué acuerdo prevalece: la frontera fijada en 1899 bajo dominio británico o el pacto firmado en 1966, antes de la independencia guyanesa, que Venezuela considera la base legítima para renegociar los límites territoriales.












