“Una sola pisada puede ser la última”: las mujeres desminadoras que limpian Siria por sus hijos
NUEVA SIRIA
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“Una sola pisada puede ser la última”: las mujeres desminadoras que limpian Siria por sus hijosImpulsadas por el miedo por sus propios hijos, mujeres sirias asumen el peligroso trabajo de desminado mientras llegan a familias de comunidades conservadoras a las que sus compañeros hombres a menudo no pueden acceder.
Un equipo de desminado se prepara para retirar una mina terrestre en la campiña de Idlib, Siria. [Foto: HALO]

En un campo seco en la zona rural de Idlib, en Siria, Lama Haj Kaddour sostiene un detonador con firmeza y experiencia. 

Ella y su equipo, formado íntegramente por mujeres, llevan horas localizando y acercándose con cautela a una mina terrestre enterrada. A poca distancia, el resto del equipo espera inmóvil y en silencio. 

Cuando se produce la explosión, una columna de humo se eleva desde el lugar donde estaba enterrada la mina. 

Lama lleva un chaleco de protección sobre la ropa. Al igual que sus compañeras, viste completamente de negro y deja únicamente sus ojos al descubierto, en consonancia con las normas sociales de Idlib. 

Los 14 años de guerra civil han dejado Siria sembrada de minas terrestres y restos explosivos de guerra (ERW, por sus siglas en inglés). La amenaza ha seguido a las familias que regresan a las aldeas de las que huyeron, incluso después del final de un conflicto que dejó cientos de miles de muertos, millones de desplazados y una economía devastada. 

Lama es una de las 31 mujeres que actualmente desempeñan funciones operativas en las labores de desminado de Idlib, según The HALO Trust, una ONG internacional que participa en las operaciones de desminado en Siria. 

Retiran minas terrestres, inspeccionan terrenos contaminados y enseñan a las comunidades a reconocer los peligros que dejó atrás la guerra civil. 

Lama, madre de tres hijos y de 33 años, abandonó la campiña de Hama y se trasladó a Idlib en 2019. Primero trabajó con organizaciones de ayuda humanitaria antes de incorporarse a The HALO Trust. 

En una región conservadora como Idlib, ser mujer puede representar una ventaja particular en las labores de desminado. 

“Una mujer que trabaja en este ámbito puede entrar en los hogares y hablar directamente con mujeres y niños de una manera que sus compañeros hombres a menudo no pueden, lo que le permite acceder directamente a una parte de la comunidad que, de otro modo, resulta difícil de alcanzar en un contexto conservador”, explica a TRT World Emma Pomfret, responsable global de medios de The HALO Trust. 

Las mujeres siguen siendo una minoría en las labores de desminado en todo el mundo. 

Una encuesta realizada en 2019 entre una docena de organizaciones dedicadas a la acción contra las minas y publicada  por el Journal of Conventional Weapons Destruction reveló que las mujeres representaban apenas alrededor del 20 % del personal del sector a nivel mundial, mientras que las labores de limpieza de minas estaban especialmente dominadas por hombres. 

Sin embargo, según Pomfret, cada vez son más las mujeres que se incorporan a este ámbito en Siria. 

La caída del régimen de Assad a finales de 2024 eliminó las severas restricciones operativas que habían limitado el trabajo de HALO, explica. Esto permitió a la organización ampliar sus programas de formación y desminado a zonas como Daraa y el noroeste del país, además de contratar a personas de un grupo mucho más amplio. 

“Cuando el régimen de Assad cayó en diciembre de 2024, HALO abrió la contratación y la formación a las mujeres, como hacemos en todos nuestros programas en todo el mundo”, señala. 

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Apoyar a los supervivientes de las minas

En centros de formación como el de Daraa, las mujeres representan ahora alrededor del 20% de los nuevos alumnos de desminado: ocho de una promoción reciente de 40 personas, según Pomfret. A medida que HALO amplía su plantilla hasta superar los 250 trabajadores en todo el país, las mujeres participan cada vez más como desminadoras manuales, supervisoras de equipos, paramédicas y educadoras comunitarias.

El cambio no responde únicamente a la apertura de nuevas oportunidades. Algunas de las mujeres que se incorporan a HALO quedaron viudas durante la guerra y ahora son el principal sustento económico de sus familias, explica Pomfret. 

El camino de Lama hacia el desminado comenzó antes. Empezó ayudando a supervivientes de minas terrestres antes de recibir formación para trabajar sobre el terreno en 2022 y asumir ella misma las tareas de retirada de artefactos explosivos sin detonar. 

“Jamás podría vivir con la idea de que un solo paso en falso de mis hijos pudiera hacer estallar una mina terrestre, acabar con sus vidas o hacerles perder una de sus extremidades”, cuenta Kaddour a TRT World. 

Más de tres millones de personas desplazadas han regresado a zonas gravemente dañadas por el conflicto. Muchas encuentran sus casas todavía en pie, pero los caminos que conducen hasta ellas siguen contaminados. 

Raed Al-Hassoun, director de operaciones de desminado del Centro Nacional de Acción contra las Minas de Siria, explica a TRT World que entre comienzos de 2026 y finales de agosto se registraron 49 incidentes relacionados con minas terrestres en todo el país, con 24 muertos y 61 heridos. 

El 31 de agosto, un objeto sin detonar explotó en la aldea de Faydat Ibn Muwaina, en la zona rural de Deir Ezzor, mientras unos niños lo manipulaban. Cuatro niños murieron y uno resultó herido, según informó la agencia SANA.

La Red Siria de Derechos Humanos (SNHR, por sus siglas en inglés) afirma que al menos 3.799 civiles —entre ellos 1.000 niños y 377 mujeres— han muerto a causa de minas terrestres y restos de municiones en racimo en toda Siria desde marzo de 2011, de los cuales 329 se registraron desde diciembre de 2024.

Las cifras más elevadas se registraron en Alepo, con 814 muertos, seguida de Raqqa, con 676, y Deir Ezzor, con 645. Hama, Daraa e Idlib también figuran entre las zonas más afectadas. 

Según la SNHR, el régimen de Assad, las fuerzas rusas y grupos terroristas sembraron minas terrestres por todo el territorio sirio desde 2011, a menudo sin señalizar ni registrar sus ubicaciones. 

Siba Abdul Karim, madre de dos hijos de 36 años y responsable del departamento de reconocimiento no técnico de The HALO Trust, afirma que las inundaciones y las fuertes lluvias pueden dejar al descubierto o desplazar minas enterradas y otros restos de guerra. 

“El peligro no tiene por qué permanecer necesariamente donde lo dejó la guerra”, explica a TRT World. 

“El agua de las inundaciones, como vimos a finales de agosto, puede transformar el terreno y arrastrar consigo artefactos explosivos enterrados, haciendo que los mapas antiguos dejen de ser suficientes. Un terreno que parecía seguro ayer puede convertirse en un nuevo peligro después de una inundación o un corrimiento de tierra”. 

Siba y sus compañeras han decidido enfrentarse directamente a ese peligro. 

Las mujeres aseguran que los años de guerra las han hecho perder parte del miedo a los riesgos que entraña su trabajo. 

“Cada mañana me despido de mis hijos antes de salir al campo. Cada tarde, cuando vuelvo a cruzar la puerta de casa, doy gracias por haber regresado sana y salva”, cuenta Siba a TRT World. 

Recuerda una ocasión en la que tranquilizó a un niño que había encontrado un artefacto explosivo, calmándolo antes de explicarle el peligro que representaba aquello que había encontrado. 

También trabaja sobre el terreno Mariam Al-Asaad, de 26 años, casada y madre de una niña de ocho años. 

Durante casi cuatro años, Mariam ha colaborado como voluntaria con la Defensa Civil Siria, conocida también como los Cascos Blancos, realizando reconocimientos no técnicos, impartiendo educación sobre los riesgos y ayudando a cartografiar zonas contaminadas. En 2022 recibió formación especializada en reconocimiento y clasificación de municiones, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en incorporarse a los equipos sirios dedicados a los restos explosivos de guerra. 

Cada mañana, Mariam besa a su hija antes de salir al campo. Cuando regresa a casa, se enfrenta al reto de compaginar un trabajo peligroso con la maternidad. 

“Me preocupa constantemente cómo equilibrar a mi hija y este trabajo”, cuenta a TRT World. 

Para Mariam, además, el trabajo tiene un componente profundamente personal. Su padre tenía unas tierras al este de Idlib que estaban contaminadas con minas terrestres sin que la familia lo supiera. 

En 2017, cuando los combates en torno a Idlib disminuyeron, regresó para cuidar el olivar familiar y llevó consigo al hermano pequeño de Mariam, que entonces tenía nueve años. 

“Una mina explotó cuando mi hermano lanzó una piedra al suelo. Le desgarró el pie izquierdo”, relata.

Sin forma de saber cuántas minas más podían permanecer enterradas allí, la familia abandonó las tierras. 

“Mi padre pasó sus últimos años viendo cómo los árboles se llenaban de maleza y cómo los pocos frutos que todavía caían se pudrían en el suelo”, cuenta. “Terminamos comprando aceite de oliva cada temporada, aunque teníamos un olivar que antes nos permitía producir el nuestro”. 

Mariam cree que el dolor de haber perdido el acceso a aquellas tierras tuvo un grave impacto en la salud de su padre. 

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Esperando recuperar las tierras

En la localidad de Dadikh, en la campiña de Idlib, Abu Muhammad Al-Ali, de 62 años, posee unas tierras que en otro tiempo fueron la única fuente de sustento de su familia. La guerra las ha convertido en un lugar al que ya no puede entrar.

Allí cultivaba olivos y árboles frutales y dependía de las cosechas para mantener a su familia, hasta que las minas y otros restos de guerra contaminaron el terreno.

“Al principio veníamos aquí al amanecer, arábamos, sembrábamos y cuidábamos los árboles”, cuenta Abu Muhammad a TRT World.

“Hoy tengo miedo de dar un solo paso sobre mis propias tierras. Los árboles que tanto nos costó cultivar han muerto porque ya no podemos llegar hasta ellos para regarlos y cuidarlos”. 

Según Abu Muhammad, sus tierras fueron escenario de enfrentamientos y bombardeos aéreos durante la guerra. 

Las fuerzas del régimen de Assad, respaldadas por el apoyo aéreo ruso, intentaron avanzar hacia los límites de la aldea, pero no lograron arrebatar la zona a las fuerzas locales.

Sus tierras se encontraban en primera línea del frente. 

Meses de combates dejaron el terreno gravemente contaminado con minas y otros restos de guerra, haciéndolo inaccesible incluso después del final de los enfrentamientos. 

“El miedo forma parte de la vida cotidiana de mi familia y de todos los habitantes de la aldea”, afirma. 

Recuerda un incidente ocurrido en 2025, cuando una mina explotó en sus tierras mientras había un niño cerca. 

Desde entonces, le atormenta la idea de que unas tierras que en otro tiempo alimentaban a su familia puedan acabar matando a un niño. 

“Los agricultores de Dadikh viven entre abandonar sus tierras y perder su medio de vida, o regresar a ellas con la posibilidad de que el siguiente paso sea el último”, afirma. 

“Lo más difícil es que cuando miro mis tierras todavía las veo como eran antes. Veo los árboles y recuerdo las estaciones que esperábamos. Pero hoy no puedo acercarme”. 

“Solo queremos que retiren las minas y saber que las tierras son seguras antes de enviar allí a nuestros hijos o volver nosotros mismos a cultivarlas”, añade. 

Paralelamente a las labores de desminado, UNICEF y sus socios enseñan a niños y familias a reconocer los riesgos asociados a las minas antes de que los equipos de desminado puedan llegar a las zonas contaminadas. 

Fouad Mansour, responsable de proyectos de UNICEF, explica a TRT World que la agencia y sus socios llegaron en 2025 a unos 850.000 niños, padres y cuidadores con programas de educación sobre los riesgos de las minas, además de formar a unos 400 especialistas. 

“Utilizamos imágenes, historias, juegos y material visual para convertir un hecho aterrador en un comportamiento que un niño pueda recordar: no tocar el objeto extraño, alejarse de él y avisar a un adulto o a la autoridad correspondiente”, señala. 

Mansour afirma que UNICEF trabaja con 38 socios en labores de desminado, asistencia a las víctimas, educación sobre riesgos y promoción.

La organización también ha apoyado el desarrollo de un marco nacional de educación sobre los riesgos, integrado en el currículo escolar en coordinación con el Ministerio de Educación sirio.


Un esfuerzo nacional para poner orden

A nivel nacional, el Centro Nacional de Acción contra las Minas de Siria coordina los esfuerzos de organizaciones internacionales y locales.

“Actualmente estamos elaborando las normas nacionales que regularán el trabajo de las organizaciones de este ámbito”, explica Raed Al-Hassoun.

“También estamos creando un sistema nacional de gestión de la información para recopilar los datos que servirán de base a una hoja de ruta destinada a abordar los riesgos de las minas terrestres y los restos explosivos de guerra de acuerdo con las prioridades nacionales”. 

Entre las prioridades del centro figura completar un reconocimiento nacional no técnico para determinar la ubicación, el tipo y la magnitud de la contaminación, en un contexto en el que, según Raed, la capacidad disponible es limitada frente a la dimensión del problema. 

“Nuestras propias cifras siguen estando incompletas”, afirma, y añade que el reconocimiento nacional actualmente en marcha pretende cerrar esa brecha. 

Los equipos de ingeniería militar del Ministerio de Defensa y unidades especializadas del Ministerio de Gestión de Emergencias y Desastres también participan en las operaciones de desminado, explica. 

“La reconstrucción de las maltrechas infraestructuras de Siria depende, ante todo, de resolver el problema de las minas”, afirma Raed, que señala el distrito de Jobar, en Damasco, como ejemplo. 

A petición de la gobernación de Damasco, el centro creó una sala de operaciones que reunió a The HALO Trust, el Comité Internacional de la Cruz Roja, equipos del Ministerio de Gestión de Emergencias y Desastres y equipos de reconocimiento no técnico de la Media Luna Roja.

Juntos, limpiaron las principales carreteras y vías secundarias de Jobar, permitiendo que comenzaran las labores de reconstrucción. 

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FUENTE:TRT Español y agencias
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