Cuba atraviesa uno de los momentos económicos más complejos de su historia reciente, derivado del endurecimiento de las sanciones y las amenazas de Estados Unidos. Apagones, escasez de combustible y una fuerte caída de la actividad productiva afectan a la isla desde comienzos de año, cuando Washington reforzó su presión contra la isla, bloqueando la llegada de petróleo. En este escenario, la isla se expone a una disrupción en sus principales fuentes de ingreso de moneda dura: las remesas, la exportación de servicios y, en gran parte, el turismo.
Las medidas de presión contra la isla por parte del Gobierno del presidente de EE.UU., Donald Trump, no son nuevas. Inició su mandato reincorporando a Cuba a la lista de países “patrocinadores del terrorismo”, una decisión con fuertes implicancias financieras y bancarias. Casi un año después, tras una operación de Washington que derivó en la captura y el traslado a la fuerza del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, avanzó con una nueva medida: interrumpió el flujo de petróleo venezolano hacia Cuba, uno de los pilares del abastecimiento energético de la isla.
“¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba: cero!", escribió el mandatario en redes sociales después de afirmar que La Habana “está a punto de caer”. El Gobierno de Trump ha reiterado que vería con buenos ojos un “cambio de régimen” en la isla.
Así, Cuba perdió a su principal aliado energético y pasó a depender de envíos limitados de combustible procedentes de México. Sin embargo, semanas después Washington aprobó una nueva medida que habilita la imposición de aranceles a los países que vendan o suministren petróleo a Cuba. Como consecuencia, México también suspendió los envíos, aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha criticado estas disposiciones y busca reanudarlos.
Pese a las medidas preventivas adoptadas por La Habana para optimizar el uso de la energía disponible, la situación continúa deteriorándose, con apagones cada vez más prolongados y un impacto creciente sobre la actividad económica y la vida cotidiana.
El turismo se paraliza
Los efectos de esta presión comienzan a hacerse visibles, en primer lugar, en el sector turístico. Hoteles que cierran por falta de energía, vuelos que se cancelan y transportistas que dejan de trabajar por la escasez de gasolina muestran cómo las medidas del presidente de EE.UU., Donald Trump, se traducen cada vez más en una paralización del turismo y en un impacto directo sobre la vida cotidiana de los cubanos.
El sector turístico emplea a más de 300.000 personas y representa la segunda fuente de ingreso de divisas del país. En 2025, Cuba recibió 1,9 millones de turistas y obtuvo ingresos por unos 917 millones de dólares. El sector ya había sufrido en los últimos años el efecto combinado del endurecimiento de las sanciones estadounidenses durante el primer mandato de Trump, una presión que ahora se intensifica.
A este escenario se suman nuevas dificultades. Una de las más sensibles para la actividad turística es la decisión anunciada por La Habana de suspender el suministro de combustible a las aerolíneas internacionales que operan en la isla, una medida que afecta de forma directa al flujo de visitantes. Luego, el gobierno anunció el cierre temporal de unos 30 hoteles con baja ocupación, incluidos establecimientos en La Habana y en el balneario de Varadero, como parte de las medidas para afrontar la escasez energética.
En este marco, en plena temporada alta, varias aerolíneas —principalmente de Canadá y Rusia, dos de los mayores mercados emisores— cancelaron operaciones por la escasez de combustible aéreo. Durante años, Canadá se mantuvo como el mayor origen de turistas, por lo que la suspensión de vuelos de su aerolínea de bandera, Air Canada, representa un golpe especialmente duro para una economía ya debilitada. En 2024, unos 860.000 canadienses viajaron a la isla. La compañía anunció un operativo para repatriar al menos a 3.000 turistas y suspendió sus conexiones hasta mayo.
Después de Canadá, los principales emisores en 2024 fueron Rusia (185.816 visitantes), Estados Unidos (142.450), Alemania (65.487), España (65.054) y México (62.839), aunque solo México y Rusia mostraron recientemente un leve repunte.
A la cancelación de vuelos se sumaron advertencias de viaje emitidas por países como Canadá, Rusia y Alemania, lo que profundizó la caída del número de visitantes y agravó la escasez de divisas en la isla.
La situación se percibe con especial claridad en la vida cotidiana de quienes dependen directamente de los visitantes extranjeros. “Cuando se me acabe (la gasolina), para mi casa. ¿Qué voy a hacer?”, se lamenta Juan Arteaga, padre de tres niños y chófer de un almendrón, como los cubanos llaman a los autos clásicos estadounidenses de la década de 1950 que transportan a turistas por La Habana y otras regiones del país. “La situación es crítica”, añade Arteaga en diálogo con la agencia de noticias AFP. Cuenta que se vio obligado a subir el precio de los viajes para afrontar el aumento del combustible, racionado en el mercado formal y que en el informal llega a cotizarse a cinco dólares por litro.
Las consecuencias también alcanzan a los propios visitantes. Frédéric Monnet, un turista francés que se encontraba en Viñales, a 185 kilómetros al oeste de La Habana, tuvo que acortar su estadía por temor a no poder regresar a la capital ante la falta de transporte. “Solo encontré un taxi”, relató, luego de que el dueño de la casa donde se alojaba le advirtiera que pronto podrían no quedar vehículos disponibles.
La escasez de combustible obligó además a suspender excursiones hacia destinos emblemáticos, mientras agencias privadas dejaron de organizar traslados por la incertidumbre en el reabastecimiento de combustible. “La falta de combustibles, los cortes de energía y la reducción de vuelos permiten anticipar un año desastroso para el turismo”, advirtió el experto en turismo cubano José Luis Perelló a AFP.
Cuba aplaza el Festival del Habano
La escasez energética alcanza también a otros sectores vinculados a la entrada de divisas. El gobierno cubano anunció este sábado el aplazamiento del Festival del Habano, previsto del 24 al 27 de febrero en La Habana, un evento internacional que reúne a aficionados, empresarios y prensa especializada, y que cada año aporta varios millones de euros al Estado.
Cada año, los fondos recaudados en el festival se destinan oficialmente al sistema de salud y reflejan la importancia del tabaco para la economía nacional. En 2024, las ventas de puros cubanos alcanzaron los 827 millones de dólares.
No obstante, según una comunicación del comité organizador, la decisión se tomó para mantener los estándares del evento ante las actuales dificultades logísticas y energéticas, y por el momento no se ha fijado una nueva fecha. El festival incluye una prestigiosa subasta de puros y humidores de lujo que en 2025 recaudó más de 16 millones de euros, tras haber alcanzado 17 millones y 11 millones en los dos años anteriores.
Esta medida ilustra hasta qué punto la escasez de energía y combustible afecta no solo al turismo convencional, sino también a actividades exclusivas diseñadas para atraer visitantes de alto poder adquisitivo y generar divisas para la economía cubana.
Los misiones médicas, también bajo presión
Otra de las principales fuentes de ingresos de Cuba también enfrenta una presión creciente desde Washington: el programa de exportación de servicios médicos, considerado por expertos como la mayor vía de entrada de divisas del país. Las misiones médicas cubanas, activas desde 1963 y con unos 24.000 trabajadores desplegados en 56 países, generan miles de millones de dólares al año.
En 2025, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, anunció la suspensión de visados a funcionarios extranjeros vinculados a este programa, bajo acusaciones —rechazadas por el gobierno cubano— de que la isla se beneficia de “trabajo forzoso”. La Habana negó esas denuncias y defendió el carácter voluntario de las misiones.
La presión de Washington se ha extendido además a los países que contratan a estos profesionales. La semana pasada, el Gobierno de Guatemala anunció que pondrá fin de forma progresiva en 2026 al acuerdo sanitario que mantiene con La Habana, por el cual más de 400 cooperantes cubanos —en su mayoría médicos— prestan atención en el sistema público de salud.
El debilitamiento de estos ingresos, sumado al corte del petróleo venezolano y a las restricciones energéticas, amenaza una de las pocas vías de financiamiento externo que aún sostienen la economía cubana y agrava el desabastecimiento de combustible reconocido por el propio presidente Miguel Díaz-Canel.






