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Las redes sociales no bastan: ¿por qué las protestas ya no generan tanto cambio como antes?
Muchos movimientos recientes, incluyendo Black Lives Matter y Occupy Wall Street, comenzaron con fuerza pero a menudo no resultaron cambios duraderos. Analizamos por qué.
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Las redes sociales no bastan: ¿por qué las protestas ya no generan tanto cambio como antes?
11 de diciembre de 2024

El siglo XXI ha sido un período de intensas protestas globales.

Con el Movimiento Verde en 2009, Irán vivió sus mayores protestas desde la revolución de 1979, cuando miles de personas se levantaron para exigir elecciones más honestas.

En Oriente Medio, la Primavera Árabe de 2011 derrocó Estados autoritarios. En 2014, la "Revolución de los de Paraguas" se opuso al gobierno de Hong Kong para exigir transparencia y democracia.

Estados Unidos también ha sido escenario de algunos recientes movimientos importantes, como Occupy Wall Street y Black Lives Matter, que cambiaron la forma en que pensamos sobre la desigualdad y el racismo. En los últimos meses, estudiantes de todo EE.UU. se han unido para protestar contra la ofensiva israelí en Gaza.

¿Importó todo esto? ¿Tuvo alguna repercusión importante? ¿Resultó el activismo en nuevas políticas que hicieron del mundo un lugar mejor? La respuesta es variada.

Resultados múltiples

Definitivamente hay movimientos que lograron sus aspiraciones más altas. La Primavera Árabe cambió fundamentalmente la política en algunas naciones.

Las protestas pusieron fin al gobierno del presidente Ben Ali en Túnez, así como a la gestión de dos primeros ministros en Egipto. En el otro extremo, los movimientos parecieron ser más efímeros.

En Estados Unidos, el movimiento Occupy Wall Street dominó los titulares durante años, pero eso no mitigó la desigualdad económica, ni evitó el ascenso de la política nacionalista en Estados Unidos.

Parece que muchos movimientos en los últimos años han seguido el camino de Occupy Wall Street. Y es más probable que se parezcan a este último que a la Primavera Árabe que derrocó a Ben Ali. Vinieron, plantearon su punto de vista y luego se desvanecieron.

El poder de las protestas de generaciones anteriores

La razón es que las protestas actuales son bastante diferentes a las de las generaciones pasadas. Tradicionalmente, los movimientos intentaron producir un impacto apelando a un gran grupo de personas y luego usando ese apoyo para crear organizaciones sociales y políticas que lucharan por el cambio dentro del gobierno.

Hoy, los movimientos sociales son más propensos a ser el resultado de conversaciones en línea y pequeños grupos de activistas digitales. El movimiento moderno de "redes sociales" tiene menos probabilidades de contar con los recursos y la estabilidad que se necesitan para una lucha sostenida y victorias políticas duraderas.

Tomemos el movimiento de los Derechos Civiles de Estados Unidos como un ejemplo. Algunos historiadores señalan que los primeros grupos defendían los derechos de los afroestadounidenses en el período posterior a la Guerra Civil, cuando los estados del sur impusieron regímenes brutales de segregación racial. También apuntan al nacimiento de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por sus siglas en inglés) en 1909.

Otros podrían darle el crédito a la generación de Martin Luther King Jr. y Bayard Rustin en las décadas de 1950 y 1960. Independientemente de cómo miremos el movimiento de Derechos Civiles reconocemos que una gran comunidad se unió para crear organizaciones políticas que pudieron estructurar protestas, presionar al gobierno y presentar demandas legales.

La NAACP recolectó millones de dólares de sus simpatizantes, abrió cientos de sucursales y luchó incansablemente contra la segregación en los tribunales. Es fácil comprender cómo décadas de esfuerzo dieron lugar a victorias masivas como la Ley de Derechos Civiles de 1964, que puso fin al racismo legalizado en Estados Unidos.

Comparando con el presente

Podemos comparar el movimiento de Derechos Civiles del pasado con el movimiento más conocido de hoy por la justicia racial, Black Lives Matter (BLM). Fundado en 2014, BLM se convirtió en un grito de unión para rechazar el racismo en Estados Unidos.

Después del asesinato de George Floyd a manos de policías en 2020, los organizadores de Black Lives Matter movilizaron a millones de personas para oponerse a la violencia policial y al racismo. A diferencia de los movimientos por los derechos civiles del pasado, Black Lives Matter no estuvo liderado por una gran coalición de ciudadanos afroestadounidenses y sus aliados blancos.

En contraste, BLM surgió en Twitter. Tres activistas —Alicia Garza, Patrisse Cullors y Opal Tometi— acuñaron el término 'Black Lives Matter' en espacios en línea. Luego, el asesinato de ciudadanos afroestadounidenses, como Michael Brown y Sandra Bland, hizo que este pequeño grupo de activistas y lo que proponían atrajera una gran cantidad de atención.

Cuando BLM ganó popularidad se crearon divisiones locales, pero eran pequeñas y no funcionaban como grupos de defensa legal u organizaciones de cabildeo registradas.

No sorprende que los académicos hayan llegado a concluir que el impacto de BLM ha sido principalmente cultural. Junto con mis colaboradores académicos, publiqué un artículo en la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences” que mostró que las discusiones sobre antirracismo aumentaron después de las olas de protesta de BLM.

En contraste, los académicos han señalado que las protestas de BLM no llevaron a una disminución de la financiación para la policía. Un análisis de Mathis Ebbinghaus, Nathan Bailey y Jacob Rubel publicado en la revista de sociología “Social Problems” encontró que muchas ciudades en realidad tuvieron un aumento en los presupuestos policiales, lo que ellos interpretan como una señal de reacción.

Podemos preguntar si una dinámica similar está ocurriendo hoy en Estados Unidos y otras naciones, donde la gente ha protestado contra la brutal ofensiva israelí en Gaza. Al igual que BLM, estas manifestaciones se propagaron rápidamente porque fueron amplificadas por las redes sociales, y es difícil ver cómo sus acciones han cambiado la política del gobierno.

Sospecho que el impacto limitado del movimiento puede atribuirse al hecho de que carece de un liderazgo centralizado que movilice dinero y votos en apoyo de su causa. También a que dependen de la energía de las redes sociales.

Las protestas de Gaza también se han entrelazado con la política interna de EE.UU., ya que su objetivo se ha desviado ante acusaciones de antisemitismo en los campus universitarios y represiones administrativas sobre los activistas estudiantiles y del profesorado.

Desafortunadamente, no hay suficiente discusión sobre la crisis humanitaria que emerge de la ofensiva israelí.

Se quedan cortas

Ahora bien, BLM no es un caso aislado. Ha habido muchos movimientos en el siglo XXI, como la Primavera Árabe o el Movimiento Verde en Irán, que comenzaron como ideas esperanzadoras en internet y cobraron fuerza en las redes sociales.

“El futuro de la protesta depende de lo bien que los activistas puedan responder a este entorno de cambios rápidos e innovar con nuevas estrategias”.

Estos movimientos fueron poderosos e inspiraron a millones. Pero con frecuencia se quedaron muy cortos frente a lo que sus más optimistas partidarios imaginaban. Una de las razones principales es que la gente sobreestima las redes sociales y subestima la necesidad de organización y estrategia a largo plazo.

Twitter puede ayudarte a llegar de manera inmediata a un millón de personas y convocarlas a una protesta por un día. Pero esa no es la herramienta para construir una comunidad de personas que harán el trabajo ingrato de cabildear en el Congreso, registrar votantes y hacer que las cosas se hagan a largo plazo.

A medida que pasa el tiempo y evaluamos el legado de estos movimientos, podemos apreciar sus victorias y trabajar para remediar sus debilidades.

Podemos tratar de entender la inestabilidad de los movimientos basados en lo social y también en cómo responden los gobiernos a este tipo de protesta.

El gobierno iraní, por ejemplo, ha seguido interrumpiendo los movimientos basados en internet al aumentar su inversión en vigilancia digital. El futuro de la protesta depende de lo bien que los activistas puedan responder a este entorno de cambios rápidos e innovar con nuevas estrategias.