Las recientes visitas del presidente de Türkiye, Recep Tayyip Erdogan, a Arabia Saudí y Egipto van más allá de una gira diplomática de rutina. Justamente, reflejan un reajuste regional más amplio, impulsado por las consecuencias de la brutal ofensiva israelí en Gaza y la creciente inquietud por la seguridad en la región.
El renovado compromiso de Ankara con potencias árabes clave subraya una convergencia de intereses, sobre todo con El Cairo, a medida que los temores por la inestabilidad regional, los desplazamientos forzados y las amenazas a corredores estratégicos como el canal de Suez empujan a antiguos rivales hacia una cooperación pragmática, señalan analistas.
“Estamos viviendo un período dorado en las relaciones entre Türkiye y Egipto”, asegura a TRT World la profesora de relaciones internacionales Ozden Zeynep Oktav.
La académica describe la transformación como fruto de cálculos regionales en evolución, más allá del simbolismo, y sostiene que el principal motor es la seguridad.
Tras la brutal ofensiva sobre Gaza, los intereses nacionales de Egipto se vieron sometidos a una presión creciente.
Oktav afirma que las políticas israelíes intensificaron las preocupaciones en El Cairo sobre el desplazamiento forzado de palestinos hacia territorio egipcio y las amenazas que podrían desestabilizar el canal de Suez, una de las fuentes de ingresos más vitales del país.
“En este contexto, Egipto entendió que debía cooperar con Türkiye en Gaza”, explica, insistiendo que el acercamiento fue impulsado por la necesidad.
Con el tiempo, Ankara y El Cairo mantuvieron vínculos mesurados con Estados Unidos mientras desarrollaban, como describe Oktav, una percepción compartida de amenaza regional.
Una señal visible de esa convergencia fue el ejercicio naval Türkiye–Egipto “Amistad en el Mar”, celebrado del 22 al 26 de septiembre de 2025, un paso que Oktav cita como evidencia de la coordinación en defensa en crecimiento.
Ambos países, añade, también formaban parte del mecanismo de paz en Gaza, lo que refuerza su compromiso diplomático alineado.

Más allá del bilateralismo
Sin embargo, la seguridad por sí sola no definió la evolución de la relación.
La profesora asociada Suay Nilhan Acikalin describe los últimos dos años como una transición “de la normalización a la profundización”.
“En los últimos dos años, las relaciones Türkiye–Egipto han pasado de representar un modelo de normalización a un vínculo que se ha profundizado en sustancia y alcance”, dice a TRT World, sugiriendo que el proceso se desarrolló de manera deliberada y en múltiples capas.
La experta en relaciones internacionales Acikalin sugiere analizar el acercamiento a través de dos perspectivas: bilateral y multilateral.
En lo bilateral, destaca que Türkiye y Egipto son “dos de los países más importantes del mundo islámico”, unidos por población, geografía histórica y vínculos culturales duraderos.
Dentro de este marco renovado, se han firmado acuerdos en sectores clave, sobre todo en cooperación en la industria de defensa y energía.
Pero, según Acikalin, la relevancia de la relación también se extiende a la diplomacia multilateral.
“Lo más importante en la agenda ha sido, naturalmente, Gaza”, señala.
La ayuda humanitaria, la sostenibilidad del alto el fuego y la coordinación diplomática exigían colaboración estructurada.
Señala plataformas como la Organización de Cooperación Islámica y asociaciones africanas más amplias como espacios donde Ankara y El Cairo, actuando juntos tras años de distanciamiento, cobraron peso notable.
“Türkiye y Egipto actuando en conjunto tras tantos años es muy valioso para la región”, afirma.
Para ambas expertas, la ambición económica constituye el segundo pilar de este alineamiento.
La profesora Oktav enfatiza que Ankara y El Cairo demostraron determinación para aumentar el volumen comercial en medio de una creciente imprevisibilidad en Medio Oriente.
“Para Türkiye, Egipto es una puerta al mundo árabe, un país clave”, afirma. Para Egipto, Türkiye representa “un socio estable y rentable en cooperación industrial de defensa”.
En opinión de Oktav, la necesidad egipcia de colaborar con Türkiye en Gaza se volvió particularmente evidente. Junto con Qatar y Arabia Saudita, sostiene, ambos países destacan como actores principales capaces de influir en la trayectoria de la crisis.
La recalibración diplomática también se produjo en un contexto de incertidumbre sobre si las tensiones entre Irán y Estados Unidos escalarían o se estabilizarían.
Tras dos décadas marcadas por guerras, conflictos por poderes y estructuras estatales debilitadas, los líderes regionales mostraban creciente cautela frente a implicaciones externas.
Ambas analistas enmarcan el acercamiento como parte de una recalibración regional más amplia.
Los ejercicios de defensa reflejan la construcción de confianza institucional. Los acuerdos económicos fortalecen la resiliencia. La coordinación multilateral evidencia un alineamiento pragmático.
Lo que emergió no fue solo una restauración de vínculos, sino una convergencia impulsada por vulnerabilidades y oportunidades compartidas.
En un Oriente Medio largo tiempo caracterizado por la fragmentación, la creciente sintonía entre Egipto y Türkiye sugiere que las potencias regionales buscan desarrollar una arquitectura de seguridad más complementaria, menos dependiente de actores externos y más centrada en sus propios cálculos estratégicos.
“Un compromiso coordinado como este, particularmente en este momento, debe considerarse tanto oportuno como trascendente para el conjunto de Oriente Medio”, concluye Acikalin.












