Opinión
ORIENTE MEDIO
8 min de lectura
Trump mantiene abierta la puerta al diálogo con Irán y Netanyahu no logra cerrarla
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, viajó a EE.UU. en busca de un alineamiento firme contra Irán, pero se encontró con una Casa Blanca dispuesta a la vía diplomática. ¿Pueden esas diferencias marcar la próxima etapa de negociaciones?
Trump mantiene abierta la puerta al diálogo con Irán y Netanyahu no logra cerrarla
Un manifestante sostiene una pancarta mientras Trump se reúne con el primer ministro israelí Netanyahu en la Casa Blanca. / Reuters
hace 13 horas

El viaje del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a Estados Unidos la semana pasada culminó sin el resultado que Tel Aviv esperaba: regresó de Washington sin los avances que había prometido a su audiencia interna.

La visita, presentada por Netanyahu como urgente y decisiva, concluyó con un breve y neutro comunicado de su oficina. No hubo comparecencia conjunta, ni conferencia de prensa, ni una declaración pública de alineamiento con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre Irán.

Cuando Netanyahu se reunió con el presidente Trump en la Casa Blanca el miércoles, Irán fue el tema central de su agenda. Ya de regreso a Israel, Netanyahu afirmó que había dejado clara su postura, al señalar que no había “ocultado” su “escepticismo general sobre la posibilidad de alcanzar cualquier acuerdo con Irán”.

Para un dirigente que suele amplificar los logros diplomáticos y su relación personal con presidentes estadounidenses —desde su discurso de 2015 ante el Congreso contra el acuerdo nuclear de la administración Obama hasta su estrecha cooperación con Trump durante los Acuerdos de Abraham—, el tono moderado resultó llamativo.

El presidente Trump, por su parte, señaló que “no se decidió nada definitivo”

Ahora bien, la Casa Blanca dejó en claro que las negociaciones con Irán continúan, tras una primera ronda exploratoria de conversaciones entre Estados Unidos e Irán, orientada a evaluar los parámetros de un posible nuevo marco nuclear. Ese era, precisamente, el escenario que Netanyahu buscaba evitar.

Una reunión marcada por lo que no ocurrió

Netanyahu llegó a Washington asegurando que presentaría los “principios rectores” de Israel para unas negociaciones con Irán. Sin embargo, esos principios no contenían nada sustancialmente nuevo, ni tampoco el mensaje que transmitió.

Desde hace más de tres décadas, Netanyahu describe a Irán como una amenaza existencial para Israel y advierte sobre sus ambiciones nucleares en foros internacionales, entre ellos la Asamblea General de la ONU en 2012, cuando trazó una línea roja sobre una bomba dibujada.

Sus objetivos han sido constantes: debilitar a Irán por todos los medios posibles; priorizar, si es viable, un cambio de régimen; y, en caso contrario, garantizar que Irán quede privado de manera permanente de capacidades nucleares y de misiles de largo alcance. Tras el ataque israelí directo y no provocado contra Irán el año pasado, la cuestión de los misiles ganó aún más peso en las exigencias israelíes.

RelacionadoTRT Español - Irán muestra disposición a avanzar en las negociaciones nucleares si EE.UU. levanta las sanciones

En Washington, Netanyahu impulsó una posición maximalista basada en varios puntos que considera fundamentales:

En primer lugar, exige que no exista ningún enriquecimiento de uranio en suelo iraní, una demanda que va más allá de marcos previos de negociación de Estados Unidos, incluido el acuerdo nuclear de 2015, que permitía un enriquecimiento limitado bajo estricta supervisión.

En segundo lugar, plantea límites severos —o idealmente la eliminación— del programa de misiles balísticos de Irán, un pilar central de la estrategia de disuasión de Teherán y que sus líderes consideran innegociable.

Tel Aviv también considera esenciales las restricciones a los aliados regionales y a las redes de influencia de Irán, así como la libertad de acción para que Israel pueda atacar al país, incluso bajo cualquier acuerdo futuro. Además, Netanyahu también se opone a cualquier “cláusula de vencimiento”, ya que busca imponer restricciones permanentes que consoliden la supremacía estratégica de Israel en la región.

Nada de esto coincide con la dirección que parece tomar la diplomacia entre Estados Unidos e Irán.

Si bien la administración del presidente Trump aún no definió con precisión los parámetros de un eventual acuerdo, las primeras señales desde Washington apuntan a un objetivo más limitado que el planteado por Israel.

El enfoque parece centrarse en extender el cronograma para que Irán desarrolle su programa nuclear y prevenir su militarización, en lugar de eliminar por completo el enriquecimiento de uranio o desmantelar su programa de misiles balísticos.

En este marco, la Casa Blanca estaría evaluando si es posible alcanzar un acuerdo, aunque tenga imperfecciones, antes de avanzar hacia una escalada. Ese enfoque refleja el cálculo de que contener, aunque sea parcialmente, los avances nucleares de Irán podría ser preferible a los riesgos de una confrontación o una acción militar.

RelacionadoTRT Español - Trump espera un acuerdo con Irán el próximo mes, entre reportes sobre envío de segundo portaaviones

Pese a esto, en paralelo, el presidente Trump endureció nuevamente su retórica.Reiteró su compromiso con las negociaciones, pero lo acompañó de una advertencia directa: si Irán no alcanza un acuerdo nuclear con Washington, el resultado sería, según sus palabras, “muy traumático”. Además, por primera vez, Trump fijó un plazo: sugirió que la diplomacia tiene una ventana limitada —aproximadamente el próximo mes— antes de que haya consecuencias.

Así, el mensaje desde Washington es de ambigüedad calculada: la diplomacia sigue siendo el camino preferido, pero el reloj ya corre a la vista de todos.

El momento del viaje de Netanyahu resulta clave. Adelantó la visita poco después de la primera ronda de contactos entre Estados Unidos e Irán, una señal de urgencia y preocupación. Funcionarios israelíes temían que las negociaciones tomaran impulso antes de que Israel pudiera influir en sus parámetros.

Ese temor parece fundado. Aunque Trump mantiene amenazas verbales hacia Irán, sus acciones indican una preferencia por poner a prueba la diplomacia antes de escalar en el plano militar.

Presiones internas y costos políticos

La urgencia de Netanyahu también responde a factores internos. Su coalición de gobierno enfrenta crecientes presiones, incluidas disputas por las exenciones al servicio militar para los partidos ultraortodoxos, restricciones presupuestarias vinculadas a un prolongado esfuerzo bélico y un persistente malestar social tras el 7 de octubre de 2023 y la posterior escalada regional.

Una confrontación abierta con Irán —o incluso la percepción de que la encabeza— tendría un impacto político decisivo. Y es que Teherán sigue siendo uno de los pocos temas que mantiene un consenso casi total entre el partido gobernante y la oposición en Israel.

Netanyahu lo sabe: durante años se presentó como un garante indispensable frente a Teherán y necesita demostrar a los votantes israelíes que Washington sigue alineado con él. Eso explica su insistencia, dirigida al público interno, en la “coordinación” con Estados Unidos, incluso cuando las pruebas públicas de esa sintonía son limitadas.

Según reportes israelíes, Netanyahu llevó a Washington información de inteligencia destinada a sembrar dudas sobre las intenciones de Irán. Entre ellas, acusaciones de que Teherán dilata las negociaciones, continúa con presuntas ejecuciones y se niega a discutir seriamente el tema de los misiles.

Pero si ese material buscaba frenar la diplomacia, no parece haber tenido éxito.

El equipo de Trump —entre ellos el enviado especial Steve Witkoff, el asesor Jared Kushner y el secretario de Estado, Marco Rubio— escuchó los argumentos. Sin embargo, la Casa Blanca no adoptó la postura israelí de que las negociaciones sean inútiles.

Por el contrario, todo indica que el Gobierno de Trump está decidido a comprobar si un acuerdo es posible, aunque sea imperfecto. Y este contexto deja a Israel preparándose para un escenario alternativo.

La evaluación que predomina en Israel es que las conversaciones podrían fracasar, ya sea porque las exigencias de Irán resulten incompatibles con las líneas rojas de Estados Unidos, o porque las demandas de Tel Aviv vuelvan el acuerdo inviable en términos políticos o técnicos. Precisamente por eso Netanyahu insiste en mantener abierta la opción militar.

A puertas cerradas, la reunión de tres horas probablemente fue más allá de las posiciones negociadoras e incluyó planes de contingencia: qué ocurriría si el diálogo colapsa, hasta dónde podría actuar Israel de forma independiente y qué nivel de apoyo o tolerancia podría esperar de Washington.

La exigencia central de Israel sigue siendo la misma: libertad de acción.

Pese a las expresiones públicas de unidad, Netanyahu y Trump parten de premisas estratégicas distintas en lo que se refiere a Irán. Por un lado, el mandatario de Estados Unidos parece apostar por la flexibilidad y las influencias como herramienta de presión, utilizando un potencial uso de la fuerza para lograr concesiones mientras mantiene abiertos los canales diplomáticos.

Las intenciones de Netanyahu son de largo plazo: busca restricciones estructurales que impidan que Irán resurja como una potencia nuclear latente bajo cualquier escenario político futuro.

Lo que los une, al menos por ahora, es el interés político de cada uno. Ambos prefieren evitar un desacuerdo público. Ambos enfrentan desafíos en el plano interno. Y ambos comprenden los riesgos de una escalada.

Para Netanyahu, sin embargo, la visita a Washington dejó en evidencia una realidad incómoda: Israel puede influir en la política de Estados Unidos, pero no la controla… La diplomacia avanza, le guste o no a Israel.

FUENTE:TRT World