Eman y Hikmat, ambos de 27 años, fueron parte de la boda conjunta que, por un instante, devolvió a Jan Yunis algo que la ofensiva casi había borrado: la esperanza.
Las bodas, un pilar de la cultura palestina, se habían vuelto casi imposibles bajo la ofensiva israelí. Hoy regresan, pero transformadas: sin grandes salones, sin banquetes, sin casas a las que volver. Solo amor, resistencia y la voluntad de seguir vivos.
La mayoría de estas parejas —como Eman y Hikmat— han sido desplazadas, han perdido sus hogares y familiares, y aún luchan por encontrar comida, refugio y atención básica. Aun así, decidieron unirse en matrimonio en medio de las ruinas.
“Queremos ser felices como el resto del mundo”, dijo Hikmat.
“Es difícil sentir alegría después de tanto dolor. Pero, si Dios quiere, reconstruiremos baldosa a baldosa” afirmó Eman
