La Habana reaccionó este martes al discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante Naciones Unidas, después de que el mandatario afirmara que Cuba “va a caer”, unas palabras que provocaron el rechazo del Gobierno cubano y una defensa de la soberanía de la isla.
“El Gobierno de Estados Unidos es incapaz de aceptar que Cuba es y tiene derecho a ser un país plenamente soberano e independiente”, escribió en X el ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, quien encabeza la delegación de La Habana en Nueva York. El canciller añadió que “ninguna de las falsedades del presidente de Estados Unidos ante la ONU puede negar ese hecho”.
“Somos un país de paz y merecemos la paz”, afirmó Rodríguez.
La reacción cubana se produjo después de que los miembros de la delegación de La Habana abandonaran la sala durante el discurso de Trump, en un gesto que evidenció la tensión que persiste entre ambos países. Poco después, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, se sumó a las críticas contra el mandatario estadounidense.
“Al no poder justificar el castigo contra el pueblo de Cuba y su guerra económica genocida, el presidente de Estados Unidos repite en la ONU que Cuba representa una amenaza”, escribió Díaz-Canel en X.
El mandatario cubano cuestionó asimismo los argumentos empleados por Washington para justificar su política hacia la isla y rechazó la caracterización de Cuba como una amenaza. En este sentido, defendió el derecho del pueblo cubano a decidir su propio futuro.
“La mentira es el recurso de quienes se niegan a aceptar el derecho a la autodeterminación del pueblo cubano”, afirmó.

“Cuba va a caer”
Las palabras que desencadenaron la respuesta de La Habana llegaron en un discurso en el que Trump situó a América Latina en el centro de sus preocupaciones de seguridad. El presidente estadounidense defendió la disposición de Washington a emplear su “poderío militar” para “salvaguardar los intereses nacionales vitales de Estados Unidos” en el hemisferio occidental.
En ese marco, Trump puso como ejemplo la reciente operación estadounidense en Venezuela, que culminó con la captura del entonces presidente Nicolás Maduro, para subrayar la determinación de su Administración en la región. “Nuestras acciones en Venezuela demuestran que Estados Unidos no permitirá que haya ninguna amenaza contra Estados Unidos en ningún lugar del hemisferio occidental”, sostuvo.
Fue entonces cuando el mandatario estadounidense dirigió sus palabras hacia Cuba. Trump afirmó que su Gobierno busca un “cambio fundamental” en la isla y sostuvo que el “régimen comunista” está sometido a una presión “como nunca antes”. A continuación, calificó a Cuba de “Estado fallido” y lanzó una advertencia tajante: “va a caer”.
El presidente estadounidense no precisó cómo se produciría esa eventual caída, pero dejó claro que su Administración pretende mantener la presión sobre La Habana y que encuadra la situación de Cuba dentro de una preocupación más amplia por la seguridad de Estados Unidos en el hemisferio.
“No vamos a permitir que haya un refugio para que los adversarios ataquen a Estados Unidos en nuestra puerta”, advirtió.

Presión económica y contactos
Ahora bien, el discurso de confrontación de Trump incorporó también un elemento que introduce un matiz en la relación entre Washington y La Habana: el mandatario confirmó que ambos Gobiernos mantienen contactos. Trump señaló al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, como el encargado de esas conversaciones.
“Está negociando con Cuba. Vamos a ver qué pasa”, afirmó el presidente, sin ofrecer más detalles sobre el contenido ni el alcance de las negociaciones.
De este modo, mientras Trump endurece públicamente su discurso contra La Habana, su Administración mantiene abierto un canal de comunicación con las autoridades cubanas. Por ahora, la presión y el diálogo avanzan en paralelo.
La confirmación de estos contactos llega, además, después de varios meses de creciente presión económica sobre la isla. Estados Unidos impuso en enero un bloqueo energético contra Cuba y posteriormente adoptó nuevas medidas destinadas a incrementar la presión sobre una economía que ya atraviesa importantes dificultades.

















