Más de 158 millones de brasileños están convocados este domingo a las urnas en unas elecciones que no solo decidirán la permanencia de Luiz Inácio Lula da Silva en el poder o el ascenso del candidato de derecha Flávio Bolsonaro, sino que también pueden redefinir el equilibrio político de América Latina y la relación del gigante sudamericano con Estados Unidos.
Brasil celebra este 4 de octubre la primera vuelta de las elecciones generales, en las que cada elector deberá emitir seis votos para elegir presidente, gobernadores, senadores, diputados federales y legisladores estatales o distritales.
Aunque hay 13 aspirantes a la Presidencia, la disputa se concentra entre Lula, de 80 años y candidato a un cuarto mandato, y Flávio Bolsonaro, senador de 45 años e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. La elección enfrenta así dos proyectos políticos en un país profundamente polarizado.
Para ganar en primera vuelta, un candidato necesita más del 50% de los votos válidos, excluidos los sufragios en blanco y nulos. Si ninguno alcanza esa cifra, los dos más votados se enfrentarán en una segunda vuelta el 25 de octubre.
La urna electrónica será el único sistema de votación. Los electores podrán acreditar su identidad mediante un documento oficial con foto o a través del sistema biométrico, siempre que sus datos estén registrados.
Lula y Bolsonaro miden fuerzas en cierre de campaña
Lula y Flávio Bolsonaro cerraron este sábado sus campañas con movilizaciones en distintos puntos del estado de Sao Paulo, el principal colegio electoral del país, donde están habilitados para votar 34 millones de brasileños.
Lula recorrió la ciudad subido al techo de una camioneta, ondeando una bandera de Brasil y rodeado por una marea roja, el color de su Partido de los Trabajadores, que paralizó la Avenida Paulista.
El mandatario ha hecho de la soberanía uno de los principales ejes de su campaña y ha advertido contra cualquier interferencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las elecciones.

"Lucharé con todas mis fuerzas por el pueblo brasileño, que derrotará a la extrema derecha", afirmó Lula, quien presentó los comicios como una disputa entre "la democracia y la soberanía" y "la barbarie y la corrupción". "Mañana ganaremos las elecciones en el primer turno", agregó.
Flávio Bolsonaro, por su parte, recorrió el interior del estado de San Pablo en un desfile de centenares de motos, en un acto que recordó el estilo de campaña de su padre.
"¡Vamos, Brasil quiere un cambio! No votes en cuotas dos veces. Hazlo de una sola vez este domingo", afirmó el senador, en alusión a la posibilidad de una segunda vuelta.
Encuestas anticipan segunda vuelta
Los principales sondeos dan una ligera ventaja a Lula en la primera vuelta, pero anticipan que ninguno alcanzará los votos necesarios para ganar este domingo y que la elección se encaminará a un balotaje el 25 de octubre.
La encuesta CNT/MDA sitúa a Lula con el 47,8% de los votos válidos frente al 42,1% de Bolsonaro. En una eventual segunda vuelta, la diferencia se reduce: 47,3% frente a 43,1%.
Por su parte, un estudio de Datafolha coloca a Lula con el 45% y a Bolsonaro con el 42% en primera vuelta, mientras que en un balotaje quedarían prácticamente empatados, con 47% y 46%, respectivamente.
En tanto, Quaest muestra el escenario más ajustado: 46% para Lula y 45% para Bolsonaro en primera vuelta. En una simulación de balotaje, Bolsonaro aparece ligeramente por delante, con 44% frente al 42% de Lula.
Brasil y el nuevo mapa político de la región
Las elecciones brasileñas definirán mucho más que el rumbo interno del país. El resultado puede determinar si Brasil se suma al avance de gobiernos conservadores en América Latina.
Una victoria de Flávio Bolsonaro sumaría a Brasil a los países que en los últimos meses han girado hacia la derecha. El senador busca aprovechar esa ola conservadora regional y la cercanía política entre el presidente de EE.UU., Donald Trump, y su padre.
Aunque el presidente estadounidense no ha respaldado formalmente a Flávio Bolsonaro, aseguró el jueves que sigue "muy de cerca" las elecciones brasileñas.
Lula, en cambio, ha colocado la defensa de la soberanía brasileña en el centro de su discurso y ha advertido a Trump contra cualquier intento de interferir en los comicios. El mes pasado, durante su intervención ante Naciones Unidas, en Nueva York, sostuvo que Brasil no es el "patio trasero" de nadie.
La tensión aumentó en vísperas de las elecciones. Washington suspendió el viernes sus servicios consulares en Brasil por "preocupaciones" relacionadas con la seguridad, aunque no especificó cuáles eran las amenazas detectadas.
La Policía brasileña informó que ejecutó dos órdenes de allanamiento e incautación para investigar posibles amenazas contra instalaciones diplomáticas estadounidenses, pero señaló que no encontró pruebas que "corroboren los riesgos reportados inicialmente".
"Es algo inédito, no tiene el menor sentido. Es una de las formas que tiene Trump de disputar la opinión pública brasileña", reaccionó Edinho Silva, coordinador de la campaña de Lula.
Por otra parte, el fiscal general de Brasil, Jorge Messias, ordenó este jueves a la Policía investigar las acusaciones de que Washington estaría utilizando fondos gubernamentales para promover una "agenda de extrema derecha" en el país sudamericano. La investigación parte de una información publicada por el diario The Guardian, que afirma que el gobierno de Trump habría previsto destinar un millón de dólares a grupos de la sociedad civil contrarios a la Corte Suprema de Brasil.

Una campaña marcada por escándalos y señalamientos
La campaña también quedó atravesada por el escándalo del Banco Master, salpicando a figuras de distintos sectores políticos y llegando hasta el Supremo Tribunal Federal.
Durante la campaña se conoció que Flávio Bolsonaro era investigado por corrupción en relación con la financiación de "Dark Horse", una película biográfica sobre su padre. El proyecto fue financiado por el banquero encarcelado Daniel Vorcaro, investigado en uno de los mayores escándalos financieros del país, que ha involucrado a numerosas figuras de poder.
El caso también alcanzó al juez Alexandre de Moraes, quien enfrenta cuestionamientos por sus vínculos con Vorcaro y por un contrato millonario entre Banco Master y el estudio jurídico de su esposa. La controversia golpeó políticamente a Lula, que había respaldado públicamente al magistrado pero buscó tomar distancia durante la campaña.

Un nuevo Congreso clave
Aunque la ajustada carrera entre Lula y Flávio Bolsonaro concentra la atención, los brasileños también elegirán este domingo gobernadores en los 26 estados y el Distrito Federal, y renovarán por completo la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado.
La composición del nuevo Congreso, actualmente de mayoría conservadora, será clave para quien gane la Presidencia, pero también puede tener consecuencias directas para Jair Bolsonaro.
En la Cámara de Diputados estarán en juego los 513 escaños. Cerca del 80% de los legisladores busca la reelección en un hemiciclo donde actualmente el bolsonarismo cuenta con la mayor bancada, aunque sin alcanzar la mayoría.
El voto del Congreso es necesario para aprobar una amnistía que Flávio Bolsonaro defiende para su padre, condenado a 27 años de prisión por un intento de golpe de Estado contra Lula en 2022.
En tanto, el nuevo Senado tendrá además en sus manos otro asunto sensible: decenas de pedidos para destituir a De Moraes, el juez que condujo el proceso contra Jair Bolsonaro. Hasta ahora, esas iniciativas han sido frenadas por la presidencia de la Cámara Alta, pero esto podría cambiar. Para destituir a un juez se necesitan 54 de los 81 votos del Senado. Flávio Bolsonaro ha defendido abiertamente un juicio político contra Moraes.
El Senado también tiene la facultad de aprobar o rechazar a los candidatos propuestos por el presidente para integrar la Corte Suprema. Quien gane las elecciones presidenciales podrá postular a cuatro de sus 11 integrantes.




















