“Salí de una prisión y entré en otra”.
Para Ahmad, de 19 años, recuperar la libertad tras 15 meses de detención israelí no significó dejar atrás la cárcel. El miedo y las secuelas de lo vivido tras las rejas lo acompañaron de regreso a casa.
Fue detenido el 6 de agosto de 2024, a los 16 años, y liberado el 3 de noviembre de 2025, a los 18.
Pero hoy, de vuelta en el campo de refugiados de Balata, en la Cisjordania ocupada, el temor sigue marcando cada aspecto de su vida cotidiana.
“Si el ejército entra en la ciudad, desaparezco de la zona al instante. Tengo miedo de volver a la cárcel. Tengo miedo de lo que hay dentro, de las penurias que viví allí”, cuenta a TRT World.
Desde el 7 de octubre de 2023, las detenciones de menores palestinos por parte de las fuerzas israelíes han aumentado considerablemente en la Cisjordania ocupada, donde los niños llevan décadas sometidos a un sistema de arrestos, interrogatorios y juicios ante tribunales militares israelíes.
A principios de agosto, unos 370 niños palestinos permanecían recluidos en cárceles israelíes, principalmente en Meguido y Ofer. Según el Centro Palestino de Defensa de los Presos, las fuerzas israelíes detuvieron a 276 niños palestinos solo en los primeros seis meses de 2026.
Sin embargo, las cifras apenas reflejan una parte de la historia. Lo que ocurre después de que se abren las puertas de la prisión suele quedar fuera de las estadísticas.
Para los niños que han pasado meses o años tras las rejas, recuperar la libertad puede significar volver a enfrentarse a una educación interrumpida, rutinas trastocadas y a vínculos personales afectados, mientras cargan con los efectos físicos y psicológicos de la detención.
Y, a veces, bastan apenas unos días de encierro para dejar heridas que perduran mucho después de la liberación.
Cuando cinco días son suficiente
Para los hermanos Omar, de 13 años, y Faisal, de 14, el encierro duró apenas cinco días. Sin embargo, las secuelas de su paso por la prisión israelí de Meguido siguen presentes mucho después de su regreso a casa con su familia.
Desde entonces, el miedo ha alterado su sueño, sus amistades, su educación y su vida cotidiana. Incluso los han dejado con miedo a moverse libremente fuera de casa.
Antes de su detención, Omar había dejado la escuela, aunque planeaba volver. Trabajaba en una tienda del barrio. Desde su liberación, no ha hecho ninguna de las dos cosas.
“Mi salud mental se ha deteriorado desde que salí de la cárcel. Mis amigos dejaron de pasar tiempo conmigo. Tuve conflictos con muchos de ellos y, al final, empezaron a evitarme”, cuenta Omar a TRT World.
Tampoco pudo regresar a su trabajo. Según relata, el dueño de la tienda temía que las fuerzas israelíes volvieran a la zona y dañaran el local por su presencia, por lo que dejó de emplearlo.
Además, sigue sufriendo dolores tras haber recibido un golpe en la cabeza con la culata de un fusil antes de llegar a la prisión.
“El golpe me afectó la cabeza y, desde entonces, siento dolor cada vez que la apoyo en la almohada”.
El miedo a ser detenido de nuevo también ha cambiado su forma de moverse por el barrio “Cada vez que salgo al barrio, tengo miedo de que venga el ejército y me vuelva a detener, o de que lleguen soldados a pie y me lleven”, dice Omar. “Tengo miedo todo el tiempo. He dejado de salir y ahora paso la mayor parte del tiempo en casa”.
Faisal describe una lucha similar, sobre todo por las noches. “Después de que me liberaron, mi vida empeoró aún más”, cuenta Faisal a TRT World.
“Todas las noches me cuesta dormir porque no dejo de recordar lo que pasó: las palizas, las humillaciones y lo que viví en la cárcel”.
Dice que algunos amigos se han distanciado de él y que volver a la vida normal se ha convertido en uno de sus mayores desafíos. “Lo más difícil ha sido intentar retomar mi vida normal y volver a conectar con mis amigos y con la gente que me rodea. Siento que no he podido normalizar mi vida”, añade.
Un sistema que persigue a los niños hasta casa
Lo que han vivido Omar, Faisal y Ahmad se enmarca en un sistema más amplio en el que los niños palestinos pueden ser detenidos sin cargos ni juicio.
Mediante la detención administrativa, Israel puede mantener a palestinos recluidos durante periodos renovables, sin presentar cargos ni llevarlos a juicio, sobre la base de pruebas que no se hacen públicas.
Los datos del Servicio Penitenciario de Israel mostraron que, en marzo de 2026, había 191 menores palestinos en detención administrativa, la cifra más alta desde que la organización comenzó a hacer un seguimiento de los menores en esa situación en 2008.
Sin embargo, estas cifras tampoco reflejan la magnitud total de las detenciones de menores.
Los registros del Servicio Penitenciario de Israel abarcan las prisiones que este administra, pero excluyen a los niños recluidos en centros de detención militar y de interrogatorio. El número de niños de Gaza detenidos sigue sin estar claro.

En la Cisjordania ocupada, los niños palestinos son procesados ante tribunales militares israelíes, mientras que los hijos de colonos israelíes que viven en el mismo territorio están sujetos a la legislación civil de menores. Según la legislación militar israelí, la edad de responsabilidad penal es de 12 años.
El artículo 37 de la Convención sobre los Derechos del Niño establece que la detención se utilice únicamente como medida de último recurso y durante el periodo más breve que proceda.
Por su parte, una revisión de UNICEF sobre el sistema de detención militar de Israel concluyó que los malos tratos a los niños palestinos parecían ser “generalizados, sistemáticos e institucionalizados” a lo largo de todo el proceso, desde la detención hasta el procesamiento y la condena.
Para Ahmad, las consecuencias de ese sistema no terminaron cuando fue liberado.
Regresó a casa un lunes, pero cuenta que no pudo dormir bien hasta el jueves. “No podía dormir. No sabía si estaba soñando o despierto, si de verdad había vuelto a casa o no”.
Incluso comer le resultaba extraño. Después de meses en condiciones de escasez de alimentos, Ahmad asegura que su cuerpo se había desacostumbrado a comer con normalidad. “Apenas había comida. Dentro era una vida completamente distinta”, dice Ahmad.
Durante sus 15 meses de detención, pasó por las prisiones de Damon, Ofer y Meguido. Relata que sufrió palizas, posturas forzadas y exposición reiterada a gases. También asegura que padeció sarna durante cuatro meses sin recibir tratamiento médico.
Sin embargo, algunos de sus recuerdos más perturbadores están relacionados con lo que presenció a su alrededor.
“Cuando entré en la sección de la prisión para menores, vi lo que había dentro y pensé: “¿Adónde he llegado?”.
“Durante una semana entera después de entrar, estuve en estado de shock. No podía hablar con nadie de lo que había visto”, admite Ahmad.
Fuera de la cárcel, los recuerdos de aquellas experiencias siguen presentes. Ahmad asegura que evita las conversaciones cuando alguien menciona al ejército israelí o a otros presos.
“Si alguien empieza a hablar del ejército, me levanto y me voy de la reunión”, cuenta. “Y si alguien saca la historia de algún preso, me alejo de esas conversaciones. Les digo: “No sé””.
Faisal, por su parte, no deja de pensar en los amigos que siguen encarcelados. E incluso mientras trabaja o pasa tiempo con sus primos, el temor a una nueva detención permanece en su mente.
“Tengo miedo de que me vuelvan a detener mientras estoy trabajando. No dejo de pensar que solo quiero volver a casa después del trabajo, pero tengo miedo de que me vuelvan a detener”, dice Faisal.

Ninguno de los niños entrevistados para este reportaje ha recibido apoyo para ayudarlos a procesar lo ocurrido.
Todos intentan retomar sus estudios, el trabajo, los vínculos familiares y la vida cotidiana. Pero para unos niños que han aprendido que una calle, un puesto de control o incluso un golpe en la puerta pueden llevarlos de nuevo a prisión, recuperar la libertad no significa necesariamente sentirse libres.
En el caso de Ahmad, esa incertidumbre ha marcado su forma de pensar en el futuro.
“Lo único en lo que pienso es en cómo irme. Quiero vivir una vida normal, sin miedo ni ansiedad. Quiero sentirme seguro”.
Por eso, para los niños palestinos liberados de la detención israelí, la cuestión no es simplemente si pueden regresar a casa.
Es si alguna vez podrán volver a sentirse, realmente, en casa.
(Un periodista radicado en la Cisjordania ocupada, que prefiere permanecer en el anonimato por motivos de seguridad, contribuyó a este reportaje).






















