Maternidad, la cicatriz silenciosa en Gaza: una madre protege a su hijo ante la pérdida y el dolor
GENOCIDIO EN GAZA
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Maternidad, la cicatriz silenciosa en Gaza: una madre protege a su hijo ante la pérdida y el dolorUna madre palestina perdió a su esposo y a sus trillizas recién nacidas durante el genocidio de Israel en Gaza. Hoy lucha cada día por mantener con vida a su hijo de tres años, en medio de la hambruna y la devastación.
“Temía que Yamen muriera de hambre. No teníamos alimentos ni suministros", recuerda Iman. / Foto: Abdallah Al-Naami / Otros
hace 10 horas

Gaza, Palestina – “Convertirme en madre siempre fue un sueño para mí. El genocidio de Israel en Gaza transformó ese sueño hermoso en una vida de desgarro, pérdida y sufrimiento”, relata la madre palestina Iman Zauro a TRT Español. 

Hace tres años, Iman se casó con su esposo Asali Abu Joha, iniciando juntos su vida familiar. Meses antes del 7 de octubre de 2023, cuando comenzó la brutal ofensiva israelí en el enclave, la pareja le dio la bienvenida a su primer hijo.

“Cuando Yamen llegó a nuestras vidas trajo consigo alegría y esperanza”, recuerda Iman, de 30 años. “Mi esposo y yo no podíamos contener la felicidad. Por fin éramos una familia. Era como un sueño hecho realidad”.

En ese entonces, Asali trabajaba en la construcción. Tras el nacimiento de su hijo, asumió empleos adicionales a tiempo parcial para sostener a su familia en medio del asedio israelí, que afecta todos los aspectos de la vida, especialmente la economía.

“Aún recuerdo cómo mi esposo regresaba a casa después de jornadas agotadoras, feliz y emocionado por ver a nuestro pequeño y jugar con él”, cuenta Iman. “Teníamos dificultades para llegar a fin de mes, pero éramos una familia feliz”.

Sin embargo, los ataques de Israel desataron un caos indescriptible que afectó profundamente cada dimensión de la maternidad para Iman. La violencia destruyó la vida que había construido y terminó arrebatándole a sus seres queridos.

Desplazamiento

Cuando Israel lanzó ataques y órdenes de evacuación contra el norte de Gaza en octubre de 2023, Asali le pidió a Iman que llevara a su hijo Yamen, de tres meses, al sur de Gaza para ponerlo a salvo.

Al principio, la pareja creyó que la ofensiva israelí duraría solo unos días, por lo que Asali se quedó atrás para proteger la casa y evitar saqueos.

Sin embargo, a medida que la situación se agravó, el norte y el sur de Gaza quedaron prácticamente separados, lo que dejó a Asali atrapado en el norte y a su familia en el sur.

“Mi esposo quedó atrapado en el norte y yo estaba perdida y aterrorizada en el sur. Yamen y yo nos movíamos constantemente de un lugar a otro, huyendo de los bombardeos. Estábamos solos, sin refugio, sin comida y sin ayuda”, relata Iman.

A medida que los ataques israelíes se intensificaban en el sur de Gaza, Iman continuó desplazándose junto a Yamen, mientras las condiciones se hundían en lo que ya es uno de los capítulos más oscuros de la historia humana.

“Temía que Yamen muriera de hambre. No teníamos alimentos ni suministros. Mi cuerpo no podía producir suficiente leche para mi bebé”, recuerda. “Incluso cuando recibía algo de ayuda, tenía que venderla para comprar leche de fórmula, pañales y pan”.

El hambre y las condiciones de vida extremas pronto afectaron gravemente a su hijo. Durante más de un año, Yamen sufrió enfermedades cutáneas y erupciones causadas por la exposición y la falta de saneamiento. Lo que más angustiaba a su madre era su desnutrición severa.

“Mi hijo era piel y huesos. Cada vez que acudía a un punto médico, diagnosticaban a Yamen con desnutrición”, cuenta Iman. “No había medicinas ni suplementos. Yo estaba devastada y temía por su vida”.

Un reencuentro largamente esperado

Iman recibió con alegría el alto el fuego temporal de enero de 2025. Cargó a Yamen y caminó 15 kilómetros desde el sur hasta el norte de Gaza para reunirse con Asali el primer día.

“Mi esposo nos esperaba del otro lado. Fue uno de los días más felices de mi vida cuando nos reencontramos”, recuerda. “Nunca olvidaré lo feliz que estaba él al ver a Yamen por primera vez después de más de 15 meses de desplazamiento. Fue una escena profundamente conmovedora”.

Poco a poco, la familia comenzó a recuperar cierta estabilidad mientras cuidaban de Yamen y su vida mejoraba lentamente. Más tarde, Iman descubrió que estaba embarazada de trillizas, una noticia llena de alegría para la joven familia.

“Estábamos felices y emocionados de tener tres hijas. Sabía que dar a luz y criarlas sería una gran responsabilidad, pero no tenía miedo mientras mi esposo estuviera a mi lado”, rememora Iman.

Asali esperaba con ilusión conocer a sus niñas y ya había elegido sus nombres: Maryam, Baraa y Jana.

Pero los ataques israelíes volverían a destrozar a la pequeña familia de Iman, esta vez de forma definitiva.

Dolor y pérdida

Tras el breve alto el fuego, se reanudaron los ataques aéreos y terrestres en marzo de 2025. Iman y Yamen permanecieron en el norte de Gaza junto a Asali y se refugiaron en una escuela del barrio Al-Zaitoun, en la Ciudad de Gaza.

“Después de los horrores que vivimos mi hijo y yo durante el desplazamiento en el sur, tener a mi esposo con nosotros nos daba una sensación de seguridad, a pesar de los ataques israelíes”, recuerda.

Embarazada en ese momento, Iman destaca el apoyo constante de Asali. A pesar de haber perdido su empleo durante el genocidio, se mantuvo firme y aceptó cualquier trabajo que encontrara para alimentar y vestir a su familia. Pero mientras Israel seguía bloqueando la entrada de ayuda a Gaza, el hambre se extendía por todo el enclave y el número de muertos –especialmente de niños– seguía aumentando.

En julio de 2025, la familia fue obligada a evacuar la escuela debido a una invasión terrestre israelí. Tras llevar a su esposa e hijo a lo que creía un hogar más seguro de un familiar, Asali regresó a la zona para buscar comida y pañales. Fue asesinado por un ataque de dron israelí en el patio de la escuela.

Iman escuchó primero la explosión y temió lo peor. Minutos después, el primo de Asali llegó a la casa, herido y en estado de pánico: le dijo que su esposo había muerto en el acto.

“Quedé en shock. Corrí desesperada por la calle hacia la escuela para salvar a mi esposo, pero mi familia me detuvo”, cuenta Iman. “No podía imaginar la vida sin él. Israel lo mató mientras intentaba alimentar a su familia. Soy madre de un hijo y estaba embarazada de tres hijas. No sabía cómo podríamos sobrevivir a la ofensiva y al hambre sin apoyo. Me sentía completamente indefensa”.

Un nuevo amanecer que se apaga

Pocos días después de la muerte de su esposo, Iman cayó en una profunda depresión y duelo. El estrés desencadenó un parto prematuro de emergencia.

Fue trasladada a un hospital en Jan Yunis, donde dio a luz por cesárea a sus tres hijas de forma prematura. Al nacer, las tres estaban estables.

“El nacimiento de mis hijas me dio un rayo de esperanza: esperanza en un futuro mejor, en una familia amorosa a pesar del dolor y la pérdida”, recuerda Iman. “Cuando las vi, supe que debía mantenerme fuerte y luchar por ellas. Soy su madre y la única que las cuidaba en este mundo cruel”.

Sin embargo, en medio del bloqueo continuo, la escasez, el deterioro de los medicamentos y la contaminación, pocas semanas después las tres recién nacidas murieron en el hospital.

Honrar a su familia

Aunque los ataques israelíes mataron a la mayoría de su familia, Iman quiso honrarlos manteniéndolos unidos en un mismo lugar.

“A pesar del peligro de los bombardeos y de las enormes dificultades para trasladarnos, llevé los cuerpos de mis tres hijas desde el hospital en el sur de Gaza hasta el cementerio del barrio Al-Zaitoun, en el norte, donde está enterrado mi esposo. Enterré a mis hijas junto a su padre”, relata con la voz temblorosa y cargada de tristeza.

Confiesa que ya ha hecho planes para el peor escenario.

“Mi esposo estaba ansioso por conocer a nuestras hijas. Quise reunirlos, incluso frente a esta muerte cruel. También preparé una tumba para mí y para Yamen junto a ellos, para que, incluso si Israel nos mata a todos, nuestra familia permanezca unida para siempre”, añade.

Condiciones de vida catastróficas

En medio de la inseguridad, la escasez y los bombardeos constantes, Iman continúa su lucha diaria, agravada por la pérdida de su familia y la responsabilidad de cuidar a Yamen.

“El sufrimiento de la ofensiva continúa hasta hoy. Conseguir cada comida es un desafío. Yamen y yo no desayunamos ni cenamos; solo comemos al mediodía si hay una cocina comunitaria repartiendo alimentos”, explica. “A veces Yamen se despierta por la noche llorando de hambre. Salgo al vecindario y pido a los vecinos un trozo de pan para que pueda comer y volver a dormirse”.

Yamen tiene ahora tres años. Sigue sufriendo desnutrición y presenta dificultades para hablar. Debido al trauma vivido, padece retraimiento, crisis de ira y, en ocasiones, conductas de autolesión, explica su madre.

La única “seguridad” de Iman y su hijo es una habitación de dos por dos metros, con muros destruidos por los bombardeos israelíes en la escuela.

“El frío del invierno nos cala la piel, y la humedad de la lluvia ha provocado moho y un olor nauseabundo. Comparto un cubo que sirve como baño con muchas mujeres y niños. Las condiciones de vida aquí son catastróficas”, admite esta madre palestina.

“Hemos vivido horrores que las palabras no pueden describir. La maternidad se ha vuelto casi imposible por la ofensiva. Solo anhelamos una vida con un mínimo de dignidad. Necesitamos refugio, alimentos y atención médica”, concluye Iman. 

“Sueño con un futuro mejor, con ver a mi pequeño feliz otra vez y con que reciba una buena educación. Seguiré cuidando de Yamen y esforzándome por ser la mejor madre posible para él”.

FUENTE:TRT Español