“Un camino a través del tiempo”: ¿por qué la vía Licia de Türkiye es un viaje de autodescubrimiento?
TÜRKİYE
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“Un camino a través del tiempo”: ¿por qué la vía Licia de Türkiye es un viaje de autodescubrimiento?Nombrada como el sendero más hermoso del mundo, la ruta de Licia ofrece naturaleza en su máximo esplendor: la primavera despierta el camino, el otoño lo aquieta, y el invierno pinta las montañas con luz tenue.
Ruinas de una iglesia bizantina cerca de Ucagiz. / Others
hace 10 horas

Kate Clow todavía recuerda aquella tarde en Sidyma, antigua ciudad de Licia y hoy el tranquilo pueblo montañés de Dodurga Asari en la provincia de Mugla, Türkiye.

Enclavado en la ladera sur del monte Crago, al noroeste de la desembocadura del río Janto y a medio camino entre Fethiye y Kas, fue allí, a finales de la década de 1990, donde Clow comenzó a trazar el mapa de lo que se convertiría en la Vía Licia.

Ella había seguido el último tramo del antiguo camino desde Janto, pasando junto a un sarcófago medianamente intacto –uno de los muchos cuyos ocupantes permanecen sin identificar– y un manantial salpicado de fragmentos de cerámica. Entonces, continuó hasta que las ruinas de Sidyma emergieron ante ella en pleno crepúsculo.

La acrópolis de Sidyma se recortaba contra un azul cada vez más intenso en el cielo, cabras salvajes agrupándose junto a las murallas del castillo, un momento que, según ella, capturó el espíritu del sendero, donde caminas por los mismos caminos que la gente usaba hace 2.000 años.

Clow recuerda cómo iban cambiando los colores mientras el sol teñía a Akdag –una montaña licia que se eleva a más de 3.000 metros– en tonos rosados y crema, y la luna ascendía sobre sus laderas cubiertas de nieve. Mientras caminaba bajo un plátano gigante en el centro del pueblo, pasó junto a la mezquita Asar Dodurga y los baños romanos pertenecientes a la antigua Sidyma.

Incluso ahora, Clow, de 76 años, dice que aquella tarde todavía resume lo que se siente en la vía Licia: un lugar donde la historia, el paisaje y la calidez humana convergen a lo largo del mismo camino.

“Cada paso es un paso a través del tiempo”, afirma.

Esa sensación de tiempo, lugar y hospitalidad, que alguna vez pareció personal, ahora se encuentra detrás de un título mundial.

La vía Licia, que se extiende desde la ciudad turística de Fethiye en la provincia de Mugla hasta las colinas sobre Antalya en la costa mediterránea de Türkiye, encabezó la lista de los “Caminos de senderismo más hermosos del mundo” hecha por la revista Time Out.

A finales de octubre de 2025, el medio británico elogió la ruta por su combinación de naturaleza, historia y amplias vistas al mar.

Los excursionistas, sin embargo, la describen en términos más personales: “Un camino que revela quién eres”, señaló uno de ellos. 

Una antigua liga democrática

El sendero recorre más de 700 kilómetros, trazando la columna vertebral de la civilización licia, una cultura de 3.000 años de antigüedad conocida por establecer una de las primeras ligas democráticas del mundo.

Clow dice que la idea siempre fue “conectar los viejos caminos y las antiguas ciudades”, para que los caminantes modernos pudieran “seguir las mismas vías que alguna vez usaron comerciantes, soldados y aldeanos”.

A medida que avanzas hacia el este desde Fethiye, nombres como Letoon, Janto, Olimpos y Fasélide se leen como un catálogo de la antigüedad mediterránea.

En Patara, los excursionistas pasan junto al edificio del parlamento restaurado donde se reunía la Liga Licia, una de las democracias más antiguas del mundo con una Constitución y funcionarios electos.

“Te paras en esa asamblea y piensas: esto fue un modelo que impresionó incluso a los romanos”, dice a TRT World el antropólogo japonés Eisuke Tanaka, quien ha investigado la ruta durante más de una década. Más arriba en las colinas, aparece otra ciudad antigua, Pinara, con su panal de tumbas excavadas en la roca.

“Se siente como si la montaña estuviera llena de ventanas”, dice un guía local.

En las crestas cerca de Tlos, una antigua ciudad licia próxima al municipio contemporáneo de Seydikemer, la vista se extiende a través del valle de Janto. Mientras tanto, la ciudad más tranquila de Sidyma —ahora el pueblo donde Clow ha vivido durante más de 30 años— esconde sus templos y tumbas entre olivos y casas de piedra.

Más cerca del mar, los restos de otra ciudad antigua, Felo, y su puerto, Antifelo, resuenan sobre lo que hoy es Kas. A lo largo de la costa, los bajos muros de piedra de Pydnai se alzan entre las dunas, mientras que el castillo de Simena, conocido como Kalekoy, observa el tráfico de botes y los sarcófagos licios que yacen medio sumergidos en la bahía.

En la ciudad ahora llamada Demre, en la antigua Mira, los excursionistas serpentean entre tumbas excavadas en la roca y la iglesia asociada con San Nicolás.

En Fasélide, una de las ciudades antiguas más viejas, tres cuencas portuarias aún dan forma al agua, y más al este, las ruinas de Olimpos se extienden por el bosque a lo largo de un lecho fluvial que se abre al Mediterráneo. Se dice que en este paisaje Alejandro Magno pasó algún tiempo.

“Es como caminar por un museo al aire libre que no tiene paredes” dice Tanaka. “Prehistoria, clásico, bizantino, otomano: sientes esas capas con tu cuerpo, no solo con tu mente.” El Ministerio de Cultura y Turismo de Türkiye ha promovido durante años esta fusión de patrimonio y paisaje a través de caminatas guiadas y eventos de sensibilización.

Si las ciudades le dan a la ruta su narrativa, el terreno mismo proporciona el ritmo. “La vía Licia lleva diferentes texturas bajo cada paso”, dice Clow.

“Piedra caliza porosa que bebe agua, arenisca estratificada lo suficientemente suave para tallar, roca volcánica oscura pulida por siglos de pies, y la veta ocasional de mármol que brilla al sol”.

En un momento, los excursionistas están sobre piedra caliza granulosa; al siguiente, están cruzando placas volcánicas lisas que se sienten como vidrio. Algunos caminos antiguos todavía son visibles como costillas de arenisca cincelada. Otros tramos brillan con fragmentos de mármol que capturan la luz.

“Incluso las rocas te dicen que te estás moviendo entre diferentes eras y diferentes mundos”, relata Tanaka.

La ruta puede ascender desde el nivel del mar hasta casi 1.000 metros en un solo día. “Puedes comenzar tu mañana nadando y terminar tu tarde sobre las nubes”, dice a TRT World Feyzullah Burucu, de 52 años, excursionista local.

“Ese cambio es lo que lo hace poderoso.”

“¿Realmente podemos hacer esto?”

Para muchos caminantes, la vía Licia tiene menos que ver con hacer una ruta famosa y más con poner a prueba sus límites. “Fuimos en mayo de 2023”, cuenta Ayse Betul Aytekin, una investigadora de 27 años que caminó parte del sendero con un grupo de seis o siete amigos y un guía, en conversación con TRT World.

“Planeamos una ruta de tres noches y cuatro días para nosotros. Una noche acampamos en la Bahía Cennet, otra en la cima de una montaña, y otra en una meseta alta”.

Ella recuerda las dudas que llegaron al principio de la travesía. “La pregunta se convirtió en: ¿realmente podemos hacer esto? La distancia total de nuestra sección era de más de 50 kilómetros. Todos hacemos algo de deporte, pero no sabíamos si nuestros cuerpos nos llevarían. Lo que lo convirtió en una experiencia que cambió nuestras vidas fue darnos cuenta de que sí podíamos”, relata. 

"Nadas donde la gente una vez vivió y trabajó, y ahora solo quedan las piedras y el mar. Te recuerda que escapar del caos de la ciudad siempre ha requerido esfuerzo. La belleza siempre ha tenido un precio en sudor”, dice. Para la Dra. Ozlem Uruk Hammond, de 59 años, la vía Licia no fue solo un desafío físico sino un escape del agotamiento.

“Había estado viviendo entre hospitales, laboratorios y reuniones nocturnas”, cuenta a TRT World. “Llegué a un punto de agotamiento emocional”, continúa. 

Hammond trabaja de cerca con pacientes de cáncer, y había llegado a un punto en el que simplemente necesitaba respirar: alejarse, despejar su mente y reencontrarse consigo misma. Aún no sabía que el sendero se convertiría en el camino mismo que la reconectaría con su propio ser. Su primera caminata en el sendero, en mayo de 2024, comenzó en Ovacik, subiendo hacia la Montaña Baba sobre Oludeniz (mar Muerto).

“Hueles tomillo, polvo, sal marina. Entre las ruinas y el mar, sientes tanto la muerte como el renacimiento”, dice. “Estas ciudades antiguas te muestran que civilizaciones enteras pueden desaparecer. Al mismo tiempo, la tierra sigue produciendo nueva vida”, añade. 

Cerca de Kas, se encontró con la orquídea Licia, una especie que los expertos dicen existe solo en esta región. “Era algo tan frágil, tan hermoso”, recuerda. “Tomé fotos y luego las pinté en el centro de una pieza abstracta. Se convirtió en un símbolo para mí de por qué este lugar importa.”

Historia, mar, bosque y montañas

Burucu aporta otra perspectiva: la de alguien que vive con el sendero todo el año. Nacido en Diyarbakir, se mudó a Antalya después de algunos años trabajando en turismo. “Disfrutaba ser mesero porque conocía gente de muchos países”, explica, "pero en lugares sin estructura, las largas horas te desgastan física, mental y emocionalmente. En algún momento, decidí que había hecho suficiente". Ser mesero era un trabajo emocional para Burucu.

Encontró una manera de recuperar su espíritu al caminar. “Para mí, hacer senderismo es casi una experiencia de limpieza”, dice. “En el momento en que doy mi primer paso, todo lo demás se desvanece”.

Lo que ofrece la vía Licia, dice, es un paquete completo. “Cuando me mudé aquí por primera vez, dije que esta región es ‘tres en uno’: mar, bosque, montañas. Para el camino de Licia, digo que es ‘cuatro en uno’: historia, mar, bosque, montañas. La combinación perfecta”.

También señala que el senderismo remodela tu sentido del yo: después de un día duro te sientes ligero otra vez, escuchas tus propios pensamientos con más claridad, y recuerdas que la paz no vive en lugares concurridos. “Un café tranquilo con vista puede levantarte el ánimo, un llanto privado puede sanarte, y cantar a los árboles ya no se siente extraño”.

Por eso, tiene un mensaje para los visitantes. “Por favor respeten la naturaleza”, dice. “El mundo es nuestro hogar. No tirarías basura en tu sala de estar. No la dejes en el sendero. Piensa en la vía Licia como una herencia para las generaciones futuras, y no debemos traicionar una herencia”.

Caminar por la vía Licia ofrece lecciones que se extienden mucho más allá del sendero mismo. Muestra cómo el patrimonio no es algo sellado detrás de un vidrio sino un proceso vivo moldeado por las personas que lo valoran hoy.

El viaje tiene una manera de reducir la vida a lo esencial: el ruido y la prisa se desvanecen, dejando un sentido más claro de lo que importa.

Muchos excursionistas dicen que regresan cambiados: más ligeros, más arraigados, y más conectados tanto con el pasado como consigo mismos.

En algún lugar entre Fethiye y Antalya, entre el parlamento de Patara y las llamas de Olimpos, entre piedra caliza y roca volcánica, excursionistas de todo el mundo siguen descubriendo la misma verdad. “Cada paso”, nos recuerda Clow, “deja una huella, no en la tierra, sino en tu alma”.

FUENTE:TRT World