Una esperanza frágil: cómo los palestinos ven el nuevo plan de gobierno para Gaza
GENOCIDIO EN GAZA
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Una esperanza frágil: cómo los palestinos ven el nuevo plan de gobierno para GazaUn nuevo esquema de gobierno, respaldado por EE.UU., promete orden tras la devastación que provocó Israel. Para los habitantes de Gaza, la esperanza se mide en carreteras, escuelas y medicamentos, y en si las promesas realmente se traducen en hechos.
Una mujer llora durante el funeral de palestinos muertos en ataques israelíes, en Jan Yunis, Gaza. / Reuters / Reuters
23 de enero de 2026

Cuando el enviado estadounidense Steve Witkoff anunció lo que describió como la “fase dos” del alto el fuego en Gaza, la declaración fue recibida con cautela, como una señal de que las negociaciones podrían estar avanzando poco a poco.

Días después, la Casa Blanca emitió un anuncio complementario, revelando a los miembros de una recién formadaJunta de Paz”. El organismo tendrá la tarea de supervisar un comité tecnocrático encargado de la administración cotidiana de Gaza durante el período posterior a la ofensiva.

Sin embargo, para muchos palestinos en el enclave, el anuncio no fue interpretado como un avance político. Más bien, llegó como algo más modesto —y quizás más urgente—: un primer paso tentativo hacia la restauración del orden básico en un territorio donde incluso mejoras mínimas tendrían un impacto significativo. Esa urgencia se refleja en los cálculos diarios de supervivencia.

Angustiado, Ahmed Diab, de 55 años, sale de su tienda de campaña en el oeste de la Ciudad de Gaza, cargando en brazos a su hija Heba, de 13 años. Ella está luchando contra el cáncer. Juntos, se dirigen a la parada de transporte público más cercana, a casi un kilómetro de distancia, por una carretera destruida por baches, escombros y ruinas.

El cuerpo de Heba es inusualmente liviano. Su cabeza descansa en silencio sobre el hombro de su padre. Ese silencio, dice Diab, lo asusta más que cualquier llanto. “¿Cuándo volverá Gaza a ser un lugar apto para vivir?”, pregunta en voz baja. “Es agotador seguir así”.

Heba sufre un tumor que presiona sus nervios y, a veces, pierde el conocimiento sin previo aviso. “La llevo con miedo de que de repente se me escape y me quede solo en el camino”, explica. En esos momentos, Diab no piensa en nada más que en llegar al hospital y en que el tiempo no lo traicione antes de que lo haga el transporte.

Carreteras destrozadas

En Gaza, la crisis del transporte se ha convertido en parte de las enfermedades. Los altos precios del combustible, las carreteras destrozadas y la escasez de vehículos han convertido una visita al hospital en una prueba diaria.

“A veces no consigo un auto, y otras veces lo consigo, pero no puedo pagar el pasaje”, explica Diab. Cuando los conductores se niegan a circular por caminos dañados, él carga a Heba durante trayectos aún más largos, ocultando su miedo para que ella no lo note.

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Desde que comenzó el genocidio, Diab fue desplazado cinco veces. Su hogar en el norte del enclave fue destruido, así que ahora vive en un campamento en el oeste de la Ciudad de Gaza. “No solo extraño la casa", dice, "extraño las carreteras que solían llevarnos a cualquier lugar sin dificultad”. Para Diab, las calles no son solo un detalle urbano, sino una cuestión de supervivencia.

Cuando se enteró de la formación del comité para gobernar Gaza, sintió algo que no se había permitido sentir en meses. “Aunque una solución real aún está lejos, hay algo parecido a la esperanza dentro de mí”, cuenta.

No se detiene en las afiliaciones políticas. “Lo que entiendo”, dice, “es la necesidad de soluciones reales, como carreteras pavimentadas, acceso a hospitales y una vida vivida con dignidad”.

Pero su esperanza es dolorosamente condicional. La salud de Heba sigue deteriorándose y él no puede llevarla de forma sostenida a recibir el tratamiento necesario. “Mi esperanza”, afirma, "es que el nuevo gobierno pueda hacer promesas y realmente cumplirlas."

Los ataques casi diarios de Israel han dejado barrios enteros en ruinas, paralizado los servicios municipales y obligado a la mayoría de la población al desplazamiento.

Las escuelas llevan cerradas tres años consecutivos, mientras las familias soportan las tormentas invernales en tiendas de campaña y refugios improvisados. En este contexto, muchas preguntas dominan la vida cotidiana: ¿por dónde empezará la reconstrucción?, ¿quién la liderará?, ¿y puede funcionar alguna administración bajo las actuales restricciones políticas y materiales?

“Sentí alivio cuando se anunció el comité porque, para mí, eso significaba que los ataques israelíes no continuarían”, dice a TRT World Samer Al-Haddad, un ingeniero civil de 39 años.

La estructura propuesta tiene tres niveles, con la Junta de Paz liderada por Estados Unidos en lo más alto, compuesta en gran parte por multimillonarios y figuras estrechamente alineadas con Israel. 

El diplomático búlgaro Nickolay Mladenov ha sido nombrado Alto Representante de la junta y supervisará la transición desde el gobierno de Hamás a una administración palestina tecnocrática, encabezada por el ex viceministro de la Autoridad Palestina, Ali Shaath.

En paralelo, la Casa Blanca anunció la creación de un Directorio Ejecutivo para Gaza, que trabajará junto a la oficina de Mladenov y al recién formado Comité Nacional para la Administración de Gaza, encargado de aplicar las políticas sobre el terreno.

“Queremos una diferencia tangible sobre el terreno”, dice Mariam Rashdan, una maestra de 43 años. Para ella, la nueva administración será evaluada con un solo criterio: “Si la educación regresa, tendré esperanza”, afirma. “La educación no es un lujo. Es lo único que hace que los niños sientan que la situación ha mejorado”.

Rashdan permanece cautelosa. “No confío fácilmente. Pero si veo pasos reales, lo apoyaré”.

Según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), alrededor de 800,000 personas —casi el 40% de la población de Gaza— viven en áreas propensas a inundaciones. Las tormentas invernales han dejado muchos refugios inhabitables, han dañado cientos de tiendas de campaña y han expuesto a miles al clima extremo. Más de 60 edificios ocupados en la Ciudad de Gaza corren riesgo de colapso.

“Quiero una alternativa a las tiendas de campaña, aunque sea temporal”, dice Rashdan. “Una tienda de campaña te recuerda cada mañana que no tienes hogar”.

Un plan realista

Mientras Washington presenta el plan de administración de Gaza como un camino hacia la reconstrucción y la prosperidad, los palestinos están ausentes del órgano de toma de decisiones de más alto nivel. Esa exclusión alimenta las dudas sobre qué visión de Gaza terminará imponiéndose.

“No pido milagros”, dice Yousef Al-Sak, un comerciante de 22 años. “Quiero una vida normal, sin muerte, sin hambre y sin las enormes dificultades que enfrentamos ahora”.

Para Al-Sak, la credibilidad depende de la honestidad. “La administración debe declarar lo que puede y no puede hacer y presentar un plan realista”, sostiene. “Entonces la apoyaremos”.

En Gaza, pocos ven a la nueva administración con gran optimismo. En cambio, depositan una esperanza cautelosa en el cambio gradual: un proceso incierto, pero preferible al estancamiento.

Para ellos, la esperanza no es un lujo. Es una apuesta final: un intento por reparar lo que queda, por frágil que sea, en lugar de rendirse al colapso total. Si el comité de gobierno de Gaza logra transformar esa frágil esperanza en cambios concretos sigue siendo, por ahora, una pregunta abierta.

FUENTE:TRT Español y agencias