El genocidio de Israel en Gaza, que se ha extendido por casi dos años y medio matando a miles de palestinos, ha destruido a tal punto la infraestructura eléctrica del enclave que la oscuridad todavía domina la vida de quienes luchan por sobrevivir. Y aunque Tel Aviv ha señalado reiteradamente que hay recuperación, la verdad es cruda: la red eléctrica principal del territorio no se ha restablecido.
La única planta eléctrica de Gaza en Nuseirat, centro del enclave, sufrió daños durante la brutal ofensiva y sigue sin funcionar porque las restricciones israelíes impiden la entrada de combustible, equipos y repuestos necesarios para restaurar las operaciones.
De manera que, en busca de soluciones, han surgido alternativas improvisadas y costosas. Con el suministro eléctrico completamente suspendido, los palestinos son obligados a depender de generadores eléctricos privados para satisfacer incluso las necesidades más básicas.
La electricidad racionada que suministraban Israel y Egipto a Gaza también fue cortada durante el genocidio y no ha sido restablecida completamente.
Según la Compañía de Electricidad de Gaza, las pérdidas iniciales en las áreas a las que han podido llegar los equipos de mantenimiento alcanzan los 450 millones de dólares, con más del 80% de la infraestructura destruida. A lo largo del enclave, los postes eléctricos y las farolas yacen retorcidos o destrozados, dando testimonio de la magnitud de la devastación.
Desde el bloqueo en 2008, Gaza ha enfrentado una escasez crónica de electricidad impuesta por Israel, con hogares recibiendo entre cuatro y 12 horas de energía al día.

En los últimos meses, compañías de inversión locales han intervenido para operar generadores a gran escala, vendiendo electricidad a hogares y negocios por un precio establecido. Estos proyectos se han convertido en un frágil salvavidas para los residentes que luchan por sobrevivir bajo asedio.
Estas redes de generadores operan en ausencia de un marco regulatorio unificado, dejando los precios y la distribución en gran medida sin supervisión.
La lucha de los pequeños negocios
En una sastrería en Deir al-Balah, centro de Gaza, las ruedas de la máquina de coser vuelven a girar, impulsadas por los movimientos precisos de los pies de los trabajadores. Guían la tela bajo las agujas con hábil velocidad, sus dedos moviéndose con destreza para coordinar cada pieza. El zumbido de las máquinas aquí no se ha oído durante los más de dos años de apagón total.
El dueño del negocio, Mohammed Youssef, de 40 años, dice que depende principalmente de una línea eléctrica suministrada por una compañía de generadores privada. Para él, estos proyectos han sido una solución necesaria, restaurando la producción y los ingresos limitados.
Opera dos máquinas atendidas por cuatro trabajadores en turnos alternos, funcionando hasta 14 horas al día. “La realidad no es color de rosa”, dice Youssef, “pero esta es una solución temporal. Los costos son muy altos, aún así, puedo trabajar y mantener a mi familia”.
Pequeños negocios como el de Youssef estuvieron entre los más afectados por los apagones, con miles que tuvieron que cerrar por completo durante la ofensiva.
Youssef mantiene a cuatro hijos, el mayor tiene 15 años, y sus empleados también dependen de salarios diarios. Así que para cubrir los costos de electricidad, se ha visto obligado a aumentar los precios por arreglos de ropa, lo que a menudo lleva a disputas con los clientes. “A veces los pierdo”, dice, “pero no tengo otra opción”.
Paga 550 dólares semanales por una línea eléctrica de seis amperios, que a veces se desconecta, llevando el trabajo a un punto muerto y retrasando los pedidos de los clientes. Su situación refleja la de decenas de dueños de tiendas en todo el mercado.
Como muchos otros, Youssef anhela el regreso de un suministro eléctrico público estable y asequible, uno que pueda revivir la economía de Gaza y restaurar los mercados a las condiciones previas a la brutal ofensiva israelí.
Para Suad Saleh, de 35 años, la electricidad no se trata de comodidad o comercio: se trata de supervivencia.
Esta madre vive con su esposo y sus tres hijos en una pequeña casa entre los callejones destruidos del campo de Al-Bureij en el centro de Gaza. Saleh sufre de asma crónica. "Durante la ofensiva, me movía diariamente entre hospitales y clínicas médicas", recuerda, “llevando mi nebulizador en busca de cualquier lugar para cargarlo”.
A veces, dependía de baterías alimentadas por energía solar, pero los días nublados significaban que su dispositivo respiratorio no podía recargarse. “Ese miedo nunca me abandona”, dice Saleh. “Si el dispositivo se detiene, mi vida está en riesgo”.
La mayoría de los hospitales y clínicas en Gaza también dependen de generadores que son vulnerables a la escasez de combustible y averías.
Saleh usa una línea de generador de dos amperios en casa, pagando 13 dólares semanales, con un cargo mínimo de 6 dólares. Su uso de electricidad está estrictamente racionado: para su dispositivo médico, para una luz con la que sus hijos estudian por la noche y para cargar los teléfonos. Todos los demás aparatos eléctricos permanecen sin uso.
Al no contar con electricidad, ella lava la ropa a mano y vive en constante ansiedad. Los ingresos de su esposo como vendedor de verduras apenas cubren los gastos de comida, sin embargo, la familia debe priorizar la electricidad para mantener a Saleh con vida.
“Espero que las organizaciones internacionales de ayuda ayuden a reducir estos costos insoportables”, dice, “hasta que las líneas eléctricas principales sean restauradas”.
Luz del plástico
En medio de la crisis, la Compañía Abu Zeid, una firma comercial local bien establecida, ha ofrecido una solución poco convencional: generar electricidad convirtiendo residuos plásticos en combustible industrial.
La compañía ahora abastece al 54% de las áreas habitadas de Gaza. Su gerente general, Iman Shaheen, dice que el proyecto fue impulsado por una necesidad urgente. “Iluminar Gaza debe ir primero que la reconstrucción”, explica. “La vida comienza con los servicios básicos”.
A pesar de que la única instalación de la compañía fue atacada por Israel en enero de 2025, matando a dos trabajadores, las operaciones continuaron. La electricidad suministrada por la empresa ha facilitado el regreso de familias desplazadas a áreas del norte como Al-Nasr y Al-Shati, lugares que fueron despoblados durante la ofensiva.
Los residuos plásticos utilizado generalmente son recolectados por los niños y los servicios de basura, luego procesados en talleres en Al-Zawaida para convertirlos en diésel industrial y gasolina para generadores, con parte del combustible vendido a otros operadores de generadores.
Shaheen reconoce los riesgos para la salud y el medio ambiente involucrados, pero insiste en que el otro escenario sería la parálisis de la vida en Gaza. El combustible israelí cuesta entre 9 y 10 dólares por litro, en comparación con 5 a 7 dólares por el combustible industrial producido localmente.
La compañía opera siete sucursales en toda Gaza, dando servicio a alrededor de 12.000 suscriptores. La electricidad se vende a 4,86 dólares por kilovatio, mientras que la compañía también proporciona alumbrado público gratuito en varias áreas.
“No somos un reemplazo para la Compañía de Electricidad de Gaza”, dice Shaheen. “Esta es una solución temporal. Enfrentamos inmensos desafíos: generadores desgastados, escasez de repuestos y altos costos de mantenimiento”.
Sin embargo, cerrar no es una opción, ya que miles de pacientes en hospitales dependen de la electricidad.
El experto económico Ahmed Abu Qamar describe los proyectos de generadores como indispensables bajo las condiciones actuales, pero advierte que no son un sustituto de una red eléctrica nacional que funcione.
Gaza requiere alrededor de 500 megavatios de electricidad diariamente para satisfacer las necesidades básicas, explica. La dependencia de los generadores ha creado una realidad económica distorsionada: sosteniendo la vida por un lado, mientras agota los ingresos de los hogares por el otro.
Las familias ahora gastan entre 70 y 100 dólares por mes en electricidad de generadores, una carga enorme en medio del creciente desempleo y los salarios en disminución. Abu Qamar pide la regulación de los proyectos de generadores para garantizar la sostenibilidad y proteger a los consumidores. Pero actualmente no hay una autoridad centralizada capaz de hacer cumplir los precios o estándares de seguridad en toda Gaza.
Hasta que la red se restablezca, la luz de Gaza tendrá un precio que pocos pueden pagar.



















