GENOCIDIO EN GAZA
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Trampa mortal para los niños de Gaza: cómo Israel bloquea las evacuaciones médicas con burocracia
Miles de pacientes que necesitan atención médica urgente enfrentan una muerte segura, ya que Israel bloquea su evacuación desde el territorio bombardeado con frágiles excusas.
Trampa mortal para los niños de Gaza: cómo Israel bloquea las evacuaciones médicas con burocracia
La mano derecha de Ahmad fue amputada tras resultar gravemente herido en un bombardeo israelí. / TRT World

Ahmad Faleh Warsh Agha, un niño gazatí de 14 años, soñaba con ser futbolista. Hoy, ese sueño ha sido sustituido por una única y desgarradora aspiración: sobrevivir.

Un bombardeo israelí le destrozó el cuerpo. Perdió la mano derecha, sufrió una fractura pélvica, un traumatismo craneal severo y daños intestinales que lo obligan a vivir con una bolsa de colostomía externa. La metralla sigue alojada en su cuerpo, provocándole un dolor crónico que le impide moverse o dormir con normalidad.

Su familia contó a TRT World que acudió al hospital Al-Shifa, en Gaza, para solicitar su evacuación médica. Allí les dijeron que más de 17.000 menores están en lista de espera para salir de Gaza por razones médicas, pero el proceso está congelado por la avalancha de solicitudes.

La vida de Ahmad pende de un hilo mientras su familia salta entre obstáculos administrativos para lograr su evacuación, un proceso que depende del arbitrio político de las autoridades israelíes.

“El sistema de salud en Gaza está más allá del colapso, es una catástrofe total”, afirma a TRT World el doctor Hani Isleem, coordinador de evacuaciones médicas en la organización internacional Médicos Sin Fronteras (MSF).

Tras 21 meses de bombardeos incesantes sobre Gaza que han dejado cerca de 59.000 muertos, el sistema sanitario del territorio sitiado ha quedado reducido a escombros.

Según datos de la OMS, desde julio de 2024 solo 2.481 pacientes –acompañados por 3.752 personas– han sido evacuados de Gaza por motivos médicos. Las principales causas: traumatismos, cáncer y cirugías oculares.

En el norte de Gaza no queda ningún hospital operativo. En el sur, apenas uno de referencia sigue funcionando con plena capacidad. En Gaza capital, unos pocos centros médicos resisten, pero solo de forma simbólica.

Isleem subraya el impacto devastador de la ofensiva israelí: cerca de 200.000 personas, es decir, uno de cada diez gazatíes, han muerto o resultado heridas.

Pero el drama sanitario va más allá de las heridas de guerra. Miles de pacientes con cáncer, afecciones cardíacas o insuficiencia renal requieren tratamientos urgentes que Gaza ya no puede ofrecer.

IEl médico de MSF calcula que al menos 15.500 personas necesitan ser evacuadas con urgencia. Una cifra que, advierte, podría ser dos o tres veces mayor debido al colapso de la capacidad del Ministerio de Salud palestino para registrar todos los casos en un territorio arrasado.

Con una media de apenas 50 a 55 evacuaciones médicas al mes, se necesitarían más de tres años para atender los 2.000 casos más urgentes. Un plazo que, para muchos, será sencillamente letal.

Abundan los obstáculos burocráticos

Desde su base en Jordania, el doctor Hani Isleem dirige el programa de evacuación médica de Médicos Sin Fronteras para Gaza. Nacido en el enclave palestino, ha perdido a numerosos familiares desde el 7 de octubre de 2023. Su labor consiste en abrir paso entre una selva de trabas burocráticas para lograr que pacientes gravemente heridos puedan salir a tiempo del territorio asediado y recibir las intervenciones quirúrgicas que necesitan con urgencia.

El proceso está plagado de desafíos administrativos, logísticos y éticos. Hay que identificar países dispuestos a acoger a los pacientes, conseguir plazas hospitalarias y coordinar vuelos. Pero el mayor obstáculo llega al final: obtener la autorización del ente israelí COGAT (Coordinación de Actividades Gubernamentales en los Territorios), que controla los permisos de salida.

Antes de que Donald Trump llegara a la Casa Blanca en 2017, muchos países estaban abiertos a recibir pacientes, mientras que COGAT bloqueaba gran parte de las solicitudes o denegaba el permiso a los acompañantes. En aquella época, las negativas de las autoridades israelíes parecían arbitrarias y obligaban a presentar solicitudes una y otra vez, explica Isleem.

Pero la llegada de Trump y su retórica sobre una posible expulsión forzada de palestinos cambió el panorama. “Muchos países empezaron a temer las repercusiones políticas de aceptar pacientes gazatíes”, asegura Isleem. Eso redujo drásticamente el número de destinos disponibles para los evacuados, a pesar de que los índices de aprobación por parte de COGAT han mejorado “ligeramente”.

Aun así, solo entre un 70 y un 80% de los pacientes planificados logran salir. El resto muere esperando en instalaciones improvisadas dentro de Gaza, sin haber recibido nunca el permiso de salida.

Hay casos que persiguen a Isleem. Uno de ellos es el de Amran, un niño de nueve años gravemente herido en un bombardeo. El médico logró encontrarle un país receptor tras semanas de gestiones, pero cuando llegó la aprobación, Amran ya había fallecido. “Cada caso en Gaza es como el de Amran”, lamenta, subrayando la extrema vulnerabilidad de la infancia gazatí.

El procedimiento de evacuación incluye pasos complejos: encontrar un país dispuesto, cumplir con sus criterios médicos y demográficos, asegurar una cama en un hospital y coordinar el viaje. Pero, aunque todo se cumpla, COGAT puede vetar la salida a última hora, incluso cuando todo estaba ya preparado.

Además, los países receptores imponen sus propias restricciones: algunos aceptan solo pacientes de determinada edad, género o sin acompañantes. Esto obliga a Médicos Sin Fronteras a tomar decisiones dolorosas: priorizar quién vive y quién se queda.

Incluso cuando todos los requisitos están cumplidos, las autoridades israelíes suelen cancelar permisos días antes del traslado. Y los pacientes, otra vez, quedan varados.

Una crisis sanitaria que empeora rápidamente

La historia de Ahmad Al-Ghalban, otro adolescente atrapado en la maraña burocrática, ilustra con crudeza el costo humano de la ofensiva israelí contra Gaza.

Ahmad y su hermano gemelo, Mohammad, vivían en el norte del enclave cuando un proyectil de artillería impactó su casa en Beit Lahia. Ambos resultaron gravemente heridos. El cuerpo de Mohammad, cuenta su madre a TRT World, quedó reducido a “una masa de carne” con hemorragias cerebrales y extremidades amputadas. Murió horas después en el hospital.

Ahmad, también amputado y con múltiples lesiones, sobrevivió tres meses de dolor insoportable antes de ser finalmente evacuado a Italia.

Su madre, que lo acompaña mientras el resto de la familia permanece desplazada dentro de Gaza, recuerda cómo le dijeron que viajar de inmediato era “imposible”. Los médicos le aseguraron que Mohammad podría haberse salvado con una evacuación urgente para frenar la hemorragia. Pero el cierre de los cruces selló su destino.

“Perdí una flor, y la otra ha quedado gravemente herida”, dice entre lágrimas.

La situación de Yusuf Omar Hasan Al-Samri, de 16 años, también es crítica. Fue alcanzado por un misil lanzado desde un dron israelí mientras buscaba comida. Perdió ambas piernas, parte del hígado y el bazo, y sufrió graves daños intestinales.

Hoy vive con dolor crónico y necesita asistencia constante. Su estado es grave, pero su evacuación sigue siendo incierta. Aunque ha sido clasificado como caso prioritario, los médicos estiman que podría salir dentro de uno o dos meses, si los cruces fronterizos se reabren.

Su familia exige que Israel, responsable de sus heridas, permita su salida inmediata. Yusuf, que antes soñaba con un futuro, ahora solo pide tratamiento, agua limpia y una oportunidad para “una vida normal”.

Según el doctor Hani Isleem, aunque se decretara un alto el fuego hoy mismo, la necesidad de evacuaciones médicas persistiría durante al menos una década. La destrucción del sistema sanitario, el asedio prolongado y las restricciones al ingreso de medicamentos y alimentos han agravado la crisis, dejando a miles de pacientes desnutridos y vulnerables a infecciones.

Ahmad Faleh Warsh Agha, el adolescente que soñaba con ser futbolista, corre riesgo de infecciones graves y de que su sistema inmunológico colapse si no recibe atención urgente por sus heridas y la bolsa de colostomía.

Isleem afirma que los obstáculos no son casuales, sino sistemáticos y deliberados. Las aprobaciones de COGAT son arbitrarias: a menudo se deniegan acompañantes o se rechazan casos sin explicación. Ha habido situaciones, relata, en las que pacientes inicialmente rechazados aparecieron más tarde evacuados a otro país, en circunstancias poco claras.

A esto se suman las revisiones de seguridad impuestas por los países receptores, que duplican los controles israelíes y provocan más retrasos innecesarios.

Para aliviar el sufrimiento de los palestinos heridos, Isleem propone simplificar los criterios, abrir más destinos y eliminar los controles duplicados. Pero, sobre todo, exige el fin de la política israelí que bloquea el ingreso de suministros médicos y alimentos, y la apertura de corredores humanitarios que permitan la salida de los pacientes.

La madre de Ahmad Al-Ghalban, que aún llora la muerte de Mohammad, lanza una pregunta que atraviesa todo el relato:

“Los médicos me dijeron que no soy la única madre que ha perdido a un hijo por no poder viajar a tiempo…”, cuenta.

“¿Por qué todo esto le pasa a civiles? Le pido a Israel… que haga justicia con los niños”.



FUENTE:TRT World
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